Tom singing Pain of Love!

Este es el video d la semana. Votaron y lo eligieron... lA peor interpretación de Tom es: Tom singin' Pain of Love! :/

lunes, 9 de mayo de 2011

All my senses/4

Ariel sonrío, mientras aspiraba profundamente, era un día precioso, los grandes y verdes arboles del jardín, daban frescas sombras, y un aroma a naturaleza se esparcía en el ambiente, ella no se percataba pero en el piso superior Damián y Stefan estaban juntos en el balcón, observándola, o al menos Stefan lo hacía.
-deberías ir con ella… -le propuso Stef.
-Me gustaría mucho… dime como se ve… -Stefan volvió la mirada a el jardín.
-ella se acaba de recostar en la sombra, se soltó el cabello, y cerró los ojos… parece tranquila –le conto, y el sonrío ampliamente.
-¿es hermosa? –pregunto él.
-estoy seguro que no necesitas que te lo diga… tú lo sabes Damián… ¿Por qué te comportas así con ella? –noto que su hermano lo miraba medio sin entender –me refiero al fin de semana pasado… pudiste ir con ella a esa bendita quermes
El rostro de Damián se endureció, y cruzo los brazos.
-no quiero seguir hablando de eso… es simplemente que no entiendo, como ella puede querer estar conmigo si… si yo…
-Damián… ustedes han crecido juntos, ella sabe perfectamente tu condición… y creo que así es mejor, ella te conoce más que nadie… y te ama, me consta –solo faltaba ver la forma en la que ella lo miraba, tan de frente, tan embelesada.
-aun así no puedo dejar de pensar que ella se merece a alguien mejor…
-discúlpame por esto que te diré hermano, pero… quizás tengas razón –soltó, y Damián abrió su boca medio sorprendido, y luego compuso su expresión.
-tienes razón…
-caya… sabes que tienes razón, porque si no puedes ver que a ella no le interesa nada más que estar contigo… entonces tienes razón, y ella se merece a alguien que si pueda percibir lo mucho que ella se interesa… y su inmensa capacidad de amar…
-no puedo creer que me estés diciendo esto… me doy cuenta de que eres… más maduro de lo que pensaba –una sensación de orgullo mezclada con respeto fue creciendo en su interior. Se dio cuenta de que Stefan mas allá de ser alguien a quien le gustaba divertirse, era alguien que había madurado muy pronto, y podía ver cosas que el no, y por eso lo empezaba a respetar profundamente.
-¡Chicos! –se escucho por los pasillos -¡Dam! –reconocieron la voz de su tía Ania, la cual se asomo en la habitación encontrado a los hermanos juntos en el balcón. –Damián… -sonrío ella –Dam ya preparaste la maleta –le pregunto ella, y el muchacho asintió.
-¿A dónde van? –pregunto un curioso Stefan.
-a Roma… aunque no entiendo el apuro, partiremos dentro de tres días –soltó Damián mientras avanzaba hacia un sillón que se encontraba a solo unos pasos.
-pero… dentro de tres días es nuestro cumpleaños, cumplimos dieciséis…  –soltó Stefan –eso quiere decir que no van a estar aquí… ¿Por qué?
-oh cariño… volveremos al día siguiente… y te traeré un regalo desde allá, lo prometo –aseguro Ania, mientras veía condescendientemente a Stefan.
-pero… ¿Qué es tan importante en Roma? –pregunto el moreno, mientras hacia una mueca.
-Daniel cumple dieciséis años de fallecido –soltó Damián como si fuera lo más natural del mundo, debo ir a verlo. –agrego.
Los ojos de Stefan se abrieron, y se sintió inmensamente mal. Su hermano cumplía dieciséis años de muerto, lo que es peor al parecer el había muerto el mismo día en el que Alice y ella nacieron.
-¿Por qué… el mismo día? –empezó a preguntar el, pero en su nerviosismo no logro formular como abría deseado la pregunta.
-el accidente ocurrió y… al enterarse de la muerte de Daniel, el parto se adelanto… -conto Ania con un suspiro –ya sabias que tu y Alice son sietemesinos.
-¡quiero ir! – soltó de pronto dejando verdaderamente sorprendidos a Ania y a Damián.
-no es necesario… -empezó Dam, pero se vio interrumpido por su hermano menor.
-Claro que es necesario… Daniel también es mi hermano, y le debo muchas visitas… demasiadas… -Ania esbozo una pequeña y triste sonrisa al escuchar aquellas palabras.
-¿en verdad quieres ir cielo…? –le pregunto ella.
-si… y estoy seguro de que Alice también va a querer ir en cuanto le cuente… 
-está bien cielo… entonces voy a comprar unos cuantos tickets mas –soltó Ania mientras salía de la habitación.
-gracias por venir… será la primera vez, en la que vayan… seguro a Daniel les gustara conocerlos… ya sabes…
Stefan solo pudo asentir y sonreír. Una hora después le contaron a Alice todo sobre Daniel, el hecho de que abría muerto el mismo día en el que ellos habían nacido, y Alice, lloro. Lloro sosteniendo la foto de los mellizos que se encontraba en el salón. Lloro por la mentira, por que el guardar secretos también es mentir, y se sintió fatal por descubrir que no solo no tenía a sus padres, sino que había perdido a uno de sus príncipes. Y hasta ese momento no lo había sabio, y no parecía justo.
Al final, los tres días transcurrieron más rápido de lo imaginado, y después de felicitar a los mellizos, partieron de la gran casa. Sin saberlo un grupo de cinco hombres venían con ellos, Thomas no dejaría desprotegida a su familia, así que se aseguro de que estuvieran bien cuidados.
Eran doce del día cuando llegaron a la ciudad de roma, habían llegado en avión y se irían de la misma forma. Adriane también había ido en el viaje por Anastasia, a la que Ania le había pedido el favor de cuidarla, mientras ella se encargaba de vigilar a los mellizos, no vaya a ser que se les ocurriera escapar. Ella no creía que ellos fueran capaces, pero Tom es demasiado precavido.
El día estaba soleado y en el cementerio solo unas cuantas personas reunidas. Adriane se quedaría en la puerta con Anastasia, ya que su madre no deseaba que entrara a aquel sitio.
-dile a mi novio que le mando muchos besos, y que lo extraño –pidió Adrie a Damián, el cual sonrió al recordar aquella ilusión de niños, esa en la que ella aseguraba que se casaría con alguno de los gemelos, olvidándose del hecho de que eran primos.
Allie escucho atenta e interesada la petición de Adriane, y frunció los labios. No podía evitar el desagrado por aquellas que se apoderaran de sus hermanos, sabía que era irracional, sabía que era estupidez, pero no podía evitar ponerse celosa cada vez que alguien decía cosas como “novio”, refiriéndose a alguno de sus príncipes.
Decidió seguir avanzando con aquel ramo de flores de diferentes colores en medio de ese montón de lapidas de piedra, fría y dura, sin fijarse si venían o no detrás de ella, fue como si inconscientemente supiera donde encontrar lo que quería. En la punta de una colina en medio de esa campo santo, hayo una especie de monumento con un ángel en la punta. Y en la parte inferior una inscripción que decía.
Aquí descansa en paz, un ángel. Hijo muy amado, hermano, primo, nieto, sobrino, te vamos a extrañar, porque la vida no volverá a ser la misma sin tu presencia.
Daniel Leopoldo Massoni Bassi
3/05/2005 – 27/ 10/20 10”
-¿Por qué el apellido de papa esta como Massoni, y no como Kaulitz? –pregunto Alice sin poder evitarlo.
-en aquella época nuestra familia tuvo algunos problemas… y para protegerlos cambiamos sus apellidos… -les conto Ania, ni ella ni Damián, habían recordado el detalle de que en la lapida Daniel llevaba su nombre completo, y original.
-entonces… ¿nuestro verdadero apellido es Massoni o Kaulitz? –esta vez pregunto Stefan.
-Massoni… recuerden que su abuelo Luciano era tan italiano como mi padre –aseguro ella, y Stefan descubría un nuevo detalle de su vida, que antes desconocía, se daba cuenta de que poco a poco iba sabiendo aunque ellos no lo desearan. Ahora sentía que debía quedarse en casa, haría cualquier cosa por no ir a un internado nunca más, él deseaba quedarse, y saber.
-Leopoldo… -sonrió Alice, mientras se acuclillaba frente a la tumba, y pasaba sus dedos por la suave piedra –que lindo nombre… -volteo a ver a Damián -¿Cuál es tu segundo nombre? –su hermano soltó una risotada.
-Alice Isabella… no puedo creer que esta sea la primera vez que se te ocurre preguntarme… yo pensé que si sabias –la cara del rubio muchacho no tenia precio, parecía feliz, a pesar de estar donde estaba.
-yo tampoco lo se… ahora que lo pienso –esta vez Stefan miraba a su hermano curioso. Ania se dio cuenta que ellos estaban bien, así que solo dejo el pequeño ramo de flores blancas, acaricio con delicadeza la tumba y luego se retiro.
-Luciano… Damián Luciano…
-¿Cómo el abuelo? –pregunto Stef, mientras se sentaba a un costado de la tumba de su hermano.
-si… mi mama quería que lleváramos los nombres de nuestros abuelos…
-ah si… si, entonces Leopoldo es el nombre de…
-el papa de mama… -dijo Alice ya comprendiéndolo todo. Luego todos guardaron silencio. –desearía tanto… tanto, que todo fuera diferente… desearía que Dan estuviera vivo, para así tener a todos mis hermanos conmigo… y que esos ojos maravillosos ojos que tiene Dam pudieran ver –el rostro de Damián se ensombreció un poco ante las palabras de su hermana.
-tener a nuestros padres vivos… ya ves, mi abuela Simone dice que a mi papa le gustaban los juguetes desde niño… y al crecer hacia  representaciones contigo y Dan… me conto que era fan de los muñecos de Toy story… -los tres chicos lanzaron risotadas –me hubiera gustado verlo…
>que mi madre se grababa cantando… con ustedes, con mi padre… me dicen que era muy cariñosa y que le gustaba llenarnos de besos, pero no recuerdo… no tengo ni un solo recuerdo de mi mama… nada… -unas lagrimas se escaparon de los ojos de la chica, y Damián al darse cuenta del estado de su hermana se sentó a su lado y la rodeo en un abraso.
-yo tampoco tengo un solo recuerdo de mis padres… ni uno… -empezó Stefan –y me paso horas revisando las fotos, tratando de recordar…. Algo, solo un detalle, con el que pueda vivir, pero no… nada y no me sorprende éramos unos bebes cuando ellos se fueron, pero… aun así… siento que si dejo sus fotos, olvidare sus rostros… porque no tengo sus recuerdos…
-los recuerdos… son más dolorosos que el olvido, o el desconocimiento… cada vez que percibo el aroma de alguna mujer, que use la misma crema, o el mismo perfume que mama, volteo buscándola… emocionado con la idea de encontrarla, entonces recuerdo que ella no está más…y no puedo evitar sentirme mal… después de todo este tiempo… sigo teniendo la vana esperanza… -les conto Damián.
Alice rompió en llanto en ese instante, Stefan fue a su lado, y los tres hermanos se quedaron largos ratos en ese sitio, juntos, abrasados. No supieron bien por cuanto tiempo, pero cuando ya las lagrimas no  eran más que manchas secas en sus mejillas, Alice decidió que era suficiente dolor por ese día.
-lo siento tanto Dan… -dijo ella mientras se dirigía a la tumba –seguro solo te hemos deprimido, perdón hermano…
-es cierto, mira han venido nuestros hermanitos a saludarte… son los mellizos Allie y Stef… son unos llorones, ya ves.
-¡hey! –se quejo Allie mientras daba un ligero golpe al brazo de Dam.
-¡Chicos! –llamo entonces Adriane a una distancia -¡¿no quieren comer?! –les pregunto. El estomago de los tres gruño de pronto, y hicieron caras raras.
-hemos sido delatados… -soltó un sonriente Stefan, mientras se levantaba, luego ayudo a su hermana.
Fueron todos a una plaza en el centro, donde había un conjunto de locales de ropa, y otros de comida.
-tiempo sin probar la comida italiana… -había dicho Allie en algún momento. Adrie veía interesada unas vitrinas de ropa, y Stefan y Damián hablaban de Ariel. Alice prefería no prestar atención, aun se estaba acostumbrando a la idea de que su príncipe tuviera novia, así que prefería fijarse en algo más.
-bien… en un momento nos traerán la comida –soltó Ania mientras se sentaba -¿Dónde está Adrie? –pregunto, Alice le hiso una indicación hacia la tienda de ropa. -¡Adriane! -la rubia giro al oír su nombre. -¿Dónde está Anastasia?
La rubia miro hacia abajo, y sus ojos se abrieron de pronto, se había quedado tan pendiente de la ropa, que no se había percato del momento en el que la niña se hubiera soltado de su mano. Su expresión de espanto fue lo que alerto a Ania de lo que había ocurrido. Giro de un lado al otro, buscando a su pequeña hija en medio de ese gentío, pero no podía distinguir nada.
-debemos dividirnos… -soltó Stefan –Dam tu ven conmigo…  -lo dijo sobre todo, porque no sería nada bueno que él se quedara solo, se terminaría sintiendo mal.
-Adriane y yo vamos juntas –dijo Alice, mientras le hacia una indicación a la rubia –si la encontramos les marco. –prometió ella, después cada uno cogió por un camino diferente. La plaza era bastante grande y la niña podría estar en cualquier lado.

Cerca de la puerta de salida del lugar, un hombre de porte y con el cabello completamente canoso, se encontró con algo no tan curioso, y que pasaba siempre en un lugar tan grande como ese, una pequeñita estaba acuclillada, llorando. El se acerco.
-niña… ¿te perdiste? –le pregunto, la pequeña levanto sus grandes ojos castaños, los cuales estaban irritados por las saldas lagrimas.
-no encuentro a mi mami –le dijo ella en un alemán bastante claro, el hombre no sabía ni un poco de aquel idioma, pero vamos que hacia esa niñita ahí, una extranjera. El señor le hiso una indicación, y le sonrió con amabilidad.
Tenía que ayudar a ese niñita tan linda, llevaba un vestido color melón con frutitas bordadas en los filos, su cabellos largo y castaños estaba trenzado, y unas mejillas regordetas. El nunca había visto a una alemana, con aquel color de piel, entre blanco y oscuro, con cabello oscuro, debía ser mestiza seguramente.
-¡Anastasia! –se escucho de pronto la niña ya no tomaba su mano si no que se abrasaba a la pierna de una muchacha rubia, y claros ojos azules. Ella sí que parecía alemana, pensó el hombre. Con ella también apareció una chica morena, tenía el mismo color de ojos que la niñita, así que supo que debían ser familia.
-¿es suya? –pregunto el, la morena delgada sonrió.
-si… muchas gracias por cuidarla –le dijo ella en ese italiano perfecto. Su primera lengua por educación. La sonrisa de la muchacha hiso mella en el interior de aquel hombre. Esa sonrisa, y esos ojos tan tristes.
-Allie llama a Ania, la pobre debe estar preocupadísima… dile a todos donde estamos –Alice saco su celular, y marco rápidamente el numero. Sabía que estarían ahí en menos de lo que canta un gallo.
-¿de donde son? –pregunto el señor de cabello canoso, y sonrisa amable. Alice, dio vueltas en su cabeza una respuesta adecuada.
-no somos ni de aquí ni de allá –al ver el gesto confuso del señor, ella lanzo una risotada –no sé cómo explicarle… por ejemplo yo nací aquí, pero al año de nacida me llevaron a otro lugar… y yo, mis hermanos  y mis primos –dijo mientras señalaba a Anastasia y a Adriane –hemos pasado de internado en internado toda nuestras vidas…
El se pregunto porque sus padres harían cosa tal.
-sus padres deben tener sus razones… -dijo el, Alice se encogió de hombros –aunque si yo pudiera tendría a mis hijos a mi lado las veinticuatro horas del día… aunque claro, eso ya no se puede.
-¿son adultos? –pregunto Alice.
-si, todos… -el negó mientras evocaba algunos recuerdos de su vida –uno se equivoca tanto con los hijos… si pudiera remediar mis errores… perdona a tus padres si sientes que son injustos contigo.
-soy huérfana de padre y madre –le conto ella, y el hombre abrió los ojos sorprendido –desde que tengo recuerdos así ha sido… aunque prometo tratar de entender mejor a mis tíos…
Entonces llego Ania y corrió a abrazar con fuerza a su pequeña hija, la cual hipo y lloro un poco más al sentir los cálidos brazos de su mami, ahora si se sentía mejor. Detrás de ellas llegaban Damián junto con Stefan.
El señor había mantenido la mirada gacha pensando en la tristeza que debe albergar el alma de aquella niña al no tener ni a su padre, ni a su madre. Debía ser una pena parecida a la que el sentía.
-¿padre? –pregunto Ania sorprendida al percatarse en la presencia de aquel caballero. Todos voltearon a ver a ese señor interesados, y el señor Leopoldo Bassi abrió su boca de golpe al toparse con la mirada de su hija. Tantos años, tanto dolor, y ella no parecía haber cambiado casi nada.
Un silencio se abrió paso en medio de ellos, era cierto el era su padre, y el abuelo de los chicos. El señor Bassi paso su mirada por en medio de todos aquellos jóvenes, ellos eran sus nietos seguramente, por eso le habían resultado tan familiares.
-creo que… niños deberíamos irnos –empezó Ania.
-no, por favor… -pidió el –déjame conocerlos –pidió. Ania se vio sorprendida por las palabras de su padre.
-ellos son los hijos de los Massoni ¿lo sabes verdad? –pregunto ella.
-no me importan… también son mis nietos
Después de aquellas palabras todos volvieron a la plaza de comidas, el mesero sirvió los platillos que ya habían sido pedidos, y el hombre observo cuidadosamente los rostros de los muchachos.
-ustedes son mellizos… -dijo mientras señalaba a el par de morenos, los cuales asintieron. Alice lo hiso con una gran sonrisa, quería saltar a los brazos de su abuelo, pero temía que él se sorprendiera y saliera corriendo.
-y tu… ¿podrías quitarte las gafas? –pidió a Damián, el cual obedeció. El señor se fijo interesado en las facciones del muchacho, en ese cabello más rubio que castaño, y en esos ojos miel en el centro, pero verde en el orbe.
-no deberías ocultar tus ojos –le aconsejo él.
-verdad… eso mismo digo yo, mi príncipe tiene los ojos más bonitos –Damián se sonrojo de pronto, ante el halago de su hermana.
-¿todos ellos son tus hijos? –pregunto el interesado.
-no… solo Anastasia –dijo ella mientras señalaba a la pequeña niña, que ya se había dormido en sus brazos después del susto –y Adrie que es como si lo fuera –dijo mientras le indicaba la muchacha rubia. –ellos son hijos de Is…
Entonces las palabras de Alice hicieron eco en su memoria, “yo soy huérfana de padre y madre desde que tengo memoria”, entonces no solo había muerto su hija, sino también William Massoni. La culpa golpeo su cuerpo, y no pudo evitar bajar la mirada.
Se había reprochado una y mil veces por haber dejado a su hija morir, pero no sabía que el también había fallecido, y ellos, sus nietos estaban solos. Aquel día, había decidido no enviar rápidamente a la policía, los había detenido creyendo que así se matarían entre ellos, y así fue. No conto con que su hija estaría ahí.
-se me olvido mencionártelo que Bill también había muerto, cuando estuve en la cárcel… -soltó Ania –lo siento… ya ves, estaba más adolorida por perder a mi gemela…  -el odio y el resentimiento relució en la voz de Dariana, ni sus hijas, ni sus sobrinos la habían visto tan dolida, nunca.
Pero ella lo sabía, ella había sabido de aquella especie de negligencia por parte de su padre, el mismo se lo había dicho, por ello la policía no llego a detener ese caos, por eso mismo Is murió. Por ellos sus sobrinos no tenían hoy, a ninguno de sus padres.
-es mejor que me vaya… -dijo el, cuando ya no soporto mas la culpa, se puso de pie.
-no… no por favor –pidió Alice mientras tomaba su mano –quédate… por favor… -el no sabia que hacer, esa niña lo miraba con necesidad y hasta con un poco de cariño.
Un cariño que él sentía, no se lo merecía.

jueves, 5 de mayo de 2011

All my senses/3

Los gritos de Thomas se escuchaban por la gran casa, mientras que Stefan, suspiraba resignado en la habitación del piso superior, eran las cinco de la tarde, y hace solo una hora atrás, un hombre de cabellos largos y castaños, junto con otro regordete a los que Damián había llamado Georg y Gustav. Estaba seguro los había visto en algún momento de su infancia, pero ya no los recordaba con claridad.
Aunque algo que le sorprendió fue el enterarse de que aquel regordete era el padre de Ariel, a diferencia del cabello rubio, el estaba seguro de que ella tenía que parecerse más a su madre, porque a aquel hombre no era.
-Dam… -escuchaba que Ariel llamaba a su hermano, el mismo no le dijo nada, solo hiso una indicación con su cabeza dirigida a ella, para hacerle saber que la escuchaba. –amor… este fin de semana va a ser la quermes de mi instituto… quería saber si tu…
-lo siento Ariel… pero la verdad no estoy de ánimo de salir a ninguna parte –sabía que su hermano no los sabía, no podía verlo, pero el sí, el vio la decepción y el dolor en el rostro de Ariel.
-de acuerdo, no hay problema –le respondió la chica con voz alegre, y él se dio cuenta de lo buena actriz que era, fingió a la perfección el sonido de su voz para que Damián no notara lo mal que se sintió.
-¿Qué harás este fin de semana entonces? –pregunto Stefan haciendo que su hermano recordara que el también estaba en la misma habitación.
-tengo que ir al medico...
-no me habías dicho nada… -se apresuro a decir Ariel –no quieres que te acompañe… yo puedo ir, lo de la quermes no están importante
-¡no! –soltó Damián serio –no… -repitió ya en un tono más calmado –mi tía Ania va a ir conmigo, y es algo de rutina y sin importancia, ve al instituto y diviértete –le dijo él con una gran sonrisa. Stefan vio a Ariel morderse el labio y retorcer sus manos ansiosas, se puso de pie.
-bueno… voy a traer algo para tomar… ¿tú qué quieres Stefan? –pregunto ella mientras miraba al chico con esos cálidos ojos castaños, y una gran sonrisa que formaba hoyuelos.
-pepsi –fue su simple respuesta, acto seguido ella salió corriendo del cuarto.
-¿Qué tienes que ir a hacer al medico? ¿Porque es más importante que salir con tu novia? –pregunto Stefan a su hermano realmente molesto, el día en el que había llegado había visto a su hermano muy atento con la chica, pero el día de hoy había sido verdaderamente empático, tanto que deseaba darle un golpe.
-son simples exámenes de rutina… ya ves tengo que se monitoreado constantemente, y en cuanto a lo otro, no es de tu incumbencia William –soltó serio, pronuncio su primer nombre con una fuerza que bien podría caerle como una piedra entre sus brazos. Acto seguido salió de la habitación.
El se quedo viendo hacia donde había salido, y la habitación estuvo tranquila hasta que aquellos dos chiquillos entraron corriendo, jugando “congelados”
-solo entre dos es muy aburrido –les dijo Stefan en ese alemán con acento. –y eso que creía que a ti… -dijo mientras señalaba a Sasuke –nosotros te parecíamos aburridos…
-es por que lo son… y oye que extraño hablas –le soltó el muchachito antes de empezar a reírse –parece que tuviera una manzana en la boca. –a continuación el otro niño también empezó a carcajearse.
Stefan alzo la ceja, ¿se estaban burlando de el?
-eh… eh ¿Por qué hablas tan raro? –le pregunto el chiquillo de ojos azules, que si no mal recordaba se llamaba Gaspar, junto con ese extraño color de cabellos, pensó que el nombre le quedaba perfecto.
-hablo así porque el italiano es mi primer idioma.
-mi mami… también habla italiano –dijo el niñito de cabellos negros emocionado –ella no habla alemán… no… pero mi papi sí.
-creo que tu papa –señalo a Sasuke –y tu mama –señalo a Gaspar –son primos de mi padre, así que ustedes vendrían a ser mis primos en segundo grado… o algo así.
-¿somos primos? –preguntaron ambos sorprendido.
-no sabíamos que tuviéramos mas primos… yo creí que Yukito y tu eran mis únicos primos –soltó Gaspar, mientras se mostraba sorprendido por una nueva noticia.
-yo creí que tú eras mi único primo también…
-hey… ¿Por qué te llamas Sasuke?... que nombre tan extraño.
-mi nombre no es extraño –soltó el niño antes de darle una patada con fuerza a Stefan, fue tan fuerte que le pobre quedo saltando en una pierna.
-muchachito del infierno… -se quejo, mientras veía con rabia al niño.
-y me llamo Sasuke por es un niño muy fuerte de una serie que a mi papi y mami les gusta mucho… y el es muy fuerte –se defendió el niño –y yo también soy muy fuerte…
-ah si… eh escuchado hablar de el, si es muy fuerte… también es muy malo e idiota –soltó mientras le sacaba la lengua a el niño.
Sasuke se fue contra Stefan con la intención de golpearlo, el alcanzo a poner la mano en la frente del niño, de manera que lo contenía, mientras el chiquillo seguía intentando impartir golpes, de pronto Gaspar se fue también contra el, y Stefan repitió el movimiento.
-¿Qué haces? –le pregunto Ariel, mientras entraba a la habitación con las bebidas en las manos -¿Dónde está Dam?
-no lo sé… salió de pronto –le comunico él, aun con los niños tratando de golpearlo.
-seguro se molesto conmigo –al escuchar esas palabras él se irguió sorprendido y bajo sus brazos, acto seguido ya estaba en el piso, con el par de mocosos encima de  el dándole golpes.
-¡chiquillos del infierno…! –mientras empezaba a pelear con ellos, llaves, golpes en los estómagos, la verdad es que no supo cómo pero de pronto ya se estaba riendo, le parecía entretenido ver a ese par tratar de derrotarlo, y se sintió confiado hasta que Sasuke lo mordió.
-¡mierda! –chillo.
-¡William! –lo reprendió Simone, que justo entonces entraba a la habitación junto con Ilse.
-niños que creen que hacen… vengan aquí ahora –los llamo la rubia, los niños se quejaron e hicieron muecas, pero no desobedecieron, sobre todo porque ya se habían divertido bastante, resultaba que les agradaba ese apestoso chico de extraño hablar.
-William no quiero que vuelvas a hablar así, eso vocabulario no es adecuado para tu boca… me entendiste niño –le advirtió su abuela, el suspiro. Y trago su furia, como odiaba su primer nombre, era el mismo que el de su padre, pero vamos que ni a él le gustaba, de eso estaba seguro.
Los niños se fueron junto con Ilse, y Simone dejando a Stefan y a Ariel solos. Ambos se mantuvieron en completo silencio, la chica apretaba con fuerzas las manos, y miraba un punto de la pared.
-¿Qué pasa? –le pregunto Stefan. El vio al muchacho por un momento sin saber si ser o no, honesta; pero al recordar lo mucho que hablaban de niños, y lo divertido que siempre resultaba jugar con el escandaloso Stefan, le hiso pensar que quizás en el fondo, el seguía siendo el mismo chico lindo.
-Me preguntaba… porque soy tan tonta –Stefan rio.
-vamos que dices… no eres tonta –soltó el.
-gracias… aun así eso es lo que creo… no debí pedirle a Dam que me acompañara –el muchacho alzo la ceja incrédulo.
-no es cierto… no me digas que te sientes mal por eso, vamos que mi hermano es un imbécil.
-el no quiere que sepan… que yo estoy con el –confeso ella a Stefan –ya ves el no puede verse como yo lo veo… para mi Damián es el hombre más bello y perfecto sobre esta tierra, y el no ve eso… el solo ve el hecho de que no ve nada.
Stef guardo silencio, no había visto las cosas desde ese punto de vista, y le pareció sorpresivo.
-pero el parece tan confiado y acostumbrado… el…
-si, claro… el se a acoplado a su condición… pero vamos que el cree que se van a reír de mi… o mis amigos van a intentar persuadirme de salir con el… la verdad no sé qué es lo que lo ha llevado a pensar de aquella estúpida manera, pero…
-sus motivos debe tener –soltó el, mientras pensaba que se había apresurado a juzgar a su hermano. La chica suspiro.
-es mejor que bajemos… faltan cinco minutos para la cena –dijo mientras le indicaba el reloj. Stefan se puso de pie, y ambos salieron de la habitación, al llegar a la planta baja, una muchacha muy alta cayó sobre él. Stefan empezó a reírse a carcajadas, y apretó con fuerza a Alice.
-¿Qué tal estuvo el regaño? –le pregunto el, mas la muchacha solo se concentro en llenar de besos a su príncipe, como ella le había puesto.
-niños… -dijo una sonriente Ania –pasemos al comedor. Los mellizos aun sonriente sy alegres se pusieron de pie, y siguieron la indicación de su tía.
Una hora después ya todos estaban en el play room, a excepción de los adultos que se habían quedado en el comedor tomando café y conversando.
-tengo prohibidas las salidas, me quitaron el celular… y por su puesto mi padre esta muy decepcionado de mi, “¿Qué pensabas Adriane Simone,?, eres la mayor debes poner el ejemplo… y lo que es peor… ibas a cargar con tu hermanita de siete años…” –termino el monologo y giro a ver a la niña - tu estas perfecta conmigo, ¿verdad muñeca? –pregunto ella, mientras se agachaba a la altura de anastasia, la cual dejo sus barbies de lado para besar la mejilla de su hermana mayor.
Acto seguido Adriane se irguió, y vio todo el salón.
-no estábamos todos juntos desde hace tanto… más de seis años –soltó.
Alice vio claramente interesada al muchacho rubio, que usando unas gafas oscuras dentro de la casa, se mantenía en silencio en una orilla del salón, sus facciones, aquella nariz, y esa barbilla, ese era Damián. No se había percatado en su presencia, y ahora que lo veía una inmensa sonrisa se extendía por su rostro.
Recordó uno de esos pocos  veranos de su niñez en los que le permitían estar en casa, quizás tendría unos cinco años, y Stefan estaba en cama con 38 de fiebre, entonces a la casa había llegado su abuela Simone en compañía de un “niño grande”, así era como lo había pensado en aquel momento. Y no solo un niño grande, sino también muy blanco y con unos ojos verdes, y también miel, tan raros como los de ella.
-¿Quién es él? –había preguntado a su tía Stella, y ella con una sonrisa le había respondido.
-es tu hermanito mayor… es Damián –ella había abierto mucho su boca, ese niño tan grande era su hermano, de pronto se sintió orgullosa, ella al igual que sus tontas compañeras del colegio también tenía un hermano mas grande.
Ella temerosa había ido a su lado, y le había tocado la mano. El abría bajado su mirada, y le pregunto.
-¿Quién eres? –ella se asusto, creyó que quizás el no la reconocía y que Stella se había equivocado, pero entonces el sonrió -¡ah ya se!, eres una pequeña princesa que huele a canela, y a pesar de los años a aceite de bebe –luego la abría abrasado con fuerza, y la abría llenado de besos.
-¿eres mi hermano?
-sí, soy el hermano de una princesa. –ella se lanzo a sus brazos. Y ahora se recriminaba por no haberlo notado antes, todas las veces en las que Stefan le abría dicho que Damián era igual a su tío Tom, y que querían alejarlos de casa, pero ella no podía creer aquello, ella no podía pensar que su príncipe, si, porque Damián también era su príncipe, su príncipe de cabellos rubios, y mirada perdida.
Ella salto de los brazos de Stefan y corrió junto a Dam. El chico se vio sorprendido por el abraso, pero al identificar aquel aroma, no hiso más que devolver el gesto y amplia su sonrisa y llenare de una grata alegría.
-una princesa me está tocando… no soy digno –ella se carcajeo.
-mi príncipe perdido –soltó ella, mientras tomaba el rostro de su hermano entre sus manos –mi adorado príncipe perdido, ¡qué alegría! –dijo mientras llenaba el rostro de Damián de besos –he recuperado a mis príncipes –ella volteo a ver a Stefan, y estiro su mano para que el la tomara.
Stefan a sabiendas del fuerte carácter de su hermana, y estando seguro de que no podría contradecirla, se puso de pie y fue junto a ella, y Damián. La chica rodeo a sus hermanos gustosa.
Adriane, Ariel, y los dos berrinchudos niños se sorprendieron por todo ese despliegue de pura felicidad.
-deberíamos hacer una fiesta… nos hemos reencontrado –dijo Alice –si mi madre viviera, estaría tan contenta como yo de vernos juntos, con mis hermanos –dijo mientras veía primero a Stefan y luego a Damián, ella no sabe el porqué, pero simplemente siempre había estado loca por sus hermanos. Los amaba, los amaba mucho. Mataría a cualquier mujer que se atreviera a meterse con ellos, o a hacerles daño.
-acaban de castigarte y ya piensas en fiesta… -le dijo una muchacha rubia de semblante tranquilo. Ella la reconoció como Ariel, la hija de su tía Stella.
-si… porque no –dijo mientras se encogía de hombros.
-no pequeña… es mejor que estés tranquila pro el momento –le dijo Damián, mirándola y a la vez no haciéndolo. No importaba si en esos preciosos ojos no había luz, ella sabía que el corazón de su hermano tenía una hermosa imagen suya.
-está bien… lo que tu digas –dijo ella mientras recostaba la cabeza en su hombro.
-me voy a poner celoso… ¿Por qué no me haces caso a mi también? –pregunto Stefan. –ella le saco la lengua.
-es que Damián es el hermano mayor –dijo ella mientras se acercaba mas a el. –estoy segura de que mama querría que fuera obediente con el.
Stefan se sorprendió de ver a Alice tan dócil con otra persona que no fuera el, ciertamente jamás había visto mucha interacción entre Damián y ella, no se fijo nunca en lo bien que se llevaban, o en lo mucho que ella respeta a su hermano.
Después de un par de horas todos se retiraron a sus habitaciones, los mellizos estarían en la misma, no les molestaba.
-Stef… -llamo ella en medio de la oscuridad, mientras movía un poco el brazo de su mellizo. –Stef… príncipe…
-si… -le contesto el en un susurro.
-príncipe… las ganas de festejar que al fin estamos juntos no s eme van… -le conto, una pequeña sonrisa se extendió en el rostro de Stefan.
-a donde vamos? –le pregunto mientras abría los ojos. Alice amplio su sonrisa.
-pero… recuerdas que estoy castigada, además le dije a Damián que lo obedecería –dijo ella mientras hacia un puchero.
-no te entiendo Allie, entonces que quieres –le pregunto él, ya sin saber que era lo que pretendía su única hermana.
-cambiemos lugares –le soltó ella de pronto.
-no… no, no, no… no Allie –se quejo el –tampoco voy a dejar que salgas sola…
-no saldré sola… tu vendrás conmigo, solo que en caso de que nos descubran…será solo Stefan el que salió.
El hiso una mueca, apretó con fuerza los labios, se revolvió el cabello, y luego exhalo un suspiro.
-de acuerdo. –Alice se lanzo contra él, y lo lleno de besos. Stefan solo se quejo fingiendo detestar los besos de su melliza.
Acto seguido la chica corrió a la cajonera, y la abrió de golpe, saco una camiseta, unos pantalones jeans anchos, tomo una chaqueta negra.
-no esa no… es mi favorita –le dijo Stefan.
-pues esta noche la usare yo… -soltó Alice, mientras corría al baño con toda la ropa que había tomado. Se saco la blusa de dormir, y se dio cuenta de que le faltaba algo, así en ropa interior salió del baño, y tomo la faja que guardaba entre sus cosas.
Su hermano la vio con una sonrisa, su hermana no iba a cambiar nunca, y eso le gustaba mucho. La chica ya de vuelta en el baño, se puso la faja en los pechos. Era una tira de un metro que se enredaba y ajustaba mucho. Acto seguido se puso la ropa de su hermano.
Volvió a salir del baño, y tomo una gorra de su equipo favorito, se sujeto el cabello y se la coloco. Luego carraspeo con fuerza.
-estoy listo –dijo la chica con una ceja alzada. Stefan amplio su sonrisa. Cuando ella se hacia esas transformaciones, era como estarse viendo en un espejo, a excepción del tema de los ojos. Él para estar a la par de su hermana se coloco una gorra.
-¿las gafas? –pregunto Alice, luego rebuscando entre sus cosas y tomo las suyas, y les dio otras a Stefan.
-ya sabes… tu y yo somos Stefan, ninguno delata al otro –soltó el propio Stefan, y su hermana asintió.
-lo juro por nuestros padres –prometió ella, y acto seguido tomo la mano de su hermano.
Ambos abandonaron la casa por diferentes partes, uno por la puerta principal y otro por la del jardín, asi solo vieron salir a Stefan, y no a dos chicos parecido. Visitaron los clubes mas geniales de la ciudad, Stefan ligo a muchas chicas, las cuales estaban fascinadas con ese par de “guapos gemelos”
-sabes que tu hermano es lindo… pero tú eres el más bello –soltó una pelirroja mientras se acercaba peligrosamente a Alice, la muchacha se alejo de golpe, salió hacia la barra.
Allí el barman se lo comió con la mirada, y empezó a coquetearle. Alice solo entonces si le siguió el juego, no importaba que fuera gay el tipo, estaba bastante lindo, y vamos el jamás sabría que estaba coqueteando con una mujer.
-su hermano desde la mesa veía a su melliza muy divertido, el adoraba hacer esas transformaciones… claro, excepto cuando era el al que le tocaba convertirse en Alice. Eso sí que era horrible.
Ellos salieron del bar a las cuatro de la mañana, y vaya que se habían divertido. Stefan estaba orgulloso de haber llamado la atención de tantas mujeres  y Alice estaba feliz pues ese gay, si que sabia besar bien.
Cada uno se fue por un lado distinto de la casa, esta vez Alice entro por la puerta principal. Casi s ele sale el aire del cuerpo al fijarse que ahí estaban su tío Tom, Ania, y su abuela charlando con el maldito depravado al que le habían robado el auto.
-¿Qué son estas horas de…? –empezó Simone, mas Alice haciendo su “perfecta” caracterización d evoz masculina pregunto.
-¿Quién es él?
-ah, el dice que Alice se robo un auto… al parecer la policía los a rastreado hasta aquí –el rostro de Thomas estaba realmente distorsionado por la furia, jamás había visto a su tío de esa manera. Ni siquiera aquella mañana, o más bien el día anterior cuando abría llegado junto con Adriane.
-mi hermana no está aquí… -soltó ella, mientras ponía cara de póquer.
-su hermana… ¿son mellizos? –pregunto él, interesado. –pero si son cerca de las cinco… ¿Dónde puede estar?
-este… pues…
-se ha vuelto a escapar… ¡Stefan como se lo permitiste! –la recrimino Simone, ella solo bajo la mirada.
-como se puede dar cuenta mi sobrina no está aquí… y no veo porque este problema tiene que hacerse mayor, usted ya recupero su auto… sin ningún problema… así que mejor retírese –el hombre prefirió no hacer más largo el encuentro, se dio cuenta de que esa familia ya tenía suficiente castigo teniendo a alguien tan problemático como esa chiquilla.
Asi que se marcho.
-ahora si Stefan… ¿Dónde está Isabella? –grito Thoma,s mientras fulminaba a Alice con la mirada, creyendo que él era Stef.
-aquí estoy… ¿Qué ocurre? –de pronto Alice venia bajando las escaleras, llevaba el rostro cubierto por una mascarilla de aguacate, y en el cabello un gorrito de color rosa que ella usaba para sus tratamientos capilares, y un batón largo.
-entonces porque…
-este… yo… creí que estaba en problemas, así que mentí –se defendió “Stefan”, -obviamente Allie estaba arriba…
-ya veo… -dijo Tom, mucho más calmado.
-aun así… jovencita aun tenemos que hablar, ¿Cómo es eso de que robaste un auto?
-tío… aún es temprano… seguro puedes reprender a Alice después, soltó Stefan mientras empezaba a caminar hacia las escaleras, sin olvidarse en ningún momento de mantener el movimiento masculino de su cuerpo.
Así Alice también subió las escaleras moviendo las caderas, ella sonrió sin poder evitarlo. Cuando ya al fin, habían logrado llegar a su habitación dejando atrás a sus confundidos familiares, se lanzaron a reír como poseídos.
-gracias hermanito bello por salvarme la vida –soltó ella mientras se lanzaba a besar a Stefan.
-si, si… soy el mejor del mundo… pero esto es un secreto, nadie debe saberlo –pidió el, y Alice hiso como si se cerrara la boca y lanzara la llave.
-eres el mejor mi príncipe –sonrió ella.
-si, si –el se saco el largo batón, y luego un sostén de Alice el cual había rellenado con media. Su hermana se carcajeo, él le hiso una mueca. –te dejaste crecer mucho el cabello… tienes que volver a cortártelo –soltó el –me costó encontrar este bendito gorro –dijo mientras lo arrojaba al suelo.
Ella también se desvistió, fue un inmenso alivio el quitarse esa faja, y dejar a sus senos libres de esa tortura, la gorra y la inmensa ropa. Se puso el batón que su hermano se había quitado, y Stefan se quedo solo en una pantaloneta.
Ambos se acostaron en la gran cama, y hablaron por lo menos las siguientes dos horas de la noche, de lo ocurrido, y de lo mucho que se habían divertido. Y en algún momento de su animada conversación, la suave cama hiso de las suyas y los dos se durmieron.

k terribles estos muxaxitos... aha ahaa
pñublikoo hoy y no mañana- pues x k al parecer voy a star okupaditaaa :(
ahaa ashii k se m kuidan leen... y disfrutan :D

martes, 3 de mayo de 2011

All my senses/2

Haciendo uso de su tarjeta de crédito para “cosas estrictamente necesarias” como le había dicho su tío Tom, pago un pasaje de avión directo a Alemania, al internado de Berlín que era donde habían enviado a su Stefan, o eso era lo que su mellizo le había dicho en la última carta que le hubiera escrito.
Ella se mostraba verdaderamente ansiosa, no le gustaba estar sola, pero aun en medio de tanta gente. El aeropuerto era un conjunto de sonidos que a ella le resultaban molestos, y marcaba cada tanto al celular de su hermano, pero el no le contestaba.
-¿le abra ocurrido algo? –se preguntaba cada tanto, y esperaba que no… esperaba poder encontrarlo pronto, así fue que abordo el avión, directo a Berlín.
Mientras tanto en Liechtenstein Damián entraba a la habitación de Stefan, el cual lo vio reprobatoriamente desde su posición al otro lado del cuarto.
-no me dirás que no te enseñaron buenos modales… se debe tocar la puerta antes de entrar a cualquier habitación cuya puerta de acceso se encuentre cerrada –repitió aquella tortuosa frase que se la habían metido en el cerebro desde que supo como unir letras en una frase. –o fue solo a mi hermana y a mi…
-discúlpame –fue la simple respuesta de Damián –es solo que sentí la necesidad de venir a verte… y preguntarte ¿Por qué te resulta tan empática mi presencia?
-tú quieres lo mismo que mi tío –soltó sin más –ambos… quieren alejarnos a todos… y no entiendo como puedes estar de acuerdo, eres nuestro hermano mayor… no se supone que deberías protegernos…
-¡eso hago! –le soltó el de pronto, elevando el tono de su voz. Damián suspiros, y se controlo.
-de que tienen que protegernos… tu sabes que de no ser porque estas ciego no estarías aquí… en todo caso tu eres mas débil que nosotros, entonces que te protejan a ti y que nos dejen en paz.
-¡William! –lo reprendió Damián, en un tono fuerte y decidido que no había escuchado antes. –cuando tu y Allie sean verdaderamente capaces de protegerse y puedan estar seguros con nosotros… solo entonces podrán estar aquí…
-¿Por qué tanto misterio? –pregunto –siempre ha sido así desde que recuerdo… ¿Qué es lo que esconden?... no es como si fueran ladrones o asesinos…
-basta por favor Stefan –dijo Dam ya en un cansado tono de voz –mira que eres terco… yo también lo soy –sonrío de pronto –mi tía Ania dice que esos son los genes Bassi… -Stef lanzo una sonrisilla, siempre le resultaba agradable encontrar algún parecido con sus padres, saber que el venia de ellos.
-mira… hable con mi tío Tom y le conté sobre un internado mixto en leed, Londres… le dije que era muy seguro y que seria perfecto para ti y Allie…
-¡¿Qué?!¡¿Qué diablos…?!
-deja de maldecir… mi madre ya te abría reprendido, escúchame… te decía que ese colegio es perfecto, además empiezan nuevo año en agosto.
-¿agosto? –pregunto Stefan, de repente interesado.
-así es, eso te dará un mes en el que estarás aquí… y en el que quizás entiendas muchas cosas.
-es perfecto –dijo Stefan, mientras su mente empezaba a pensar en las diferentes opciones que tendría para escapar, no ir a ningún internado, simplemente huir, y no volver, nunca más. Damián sabía las intenciones de su hermano, y casi no podía entender que era lo que pasaba por su propia mente, pero estaba seguro de que Stefan debía quedarse, el tono tan apagado de su voz se lo había dicho.
Su hermano era infeliz, y sabia que sus padres no estarían felices por ello.
-¡maldita sea! –grito en medio de la carretera Alice mientras zapateaba con fuerza y gemía, y chillaba frustrada, hace dos horas había llegado a Berlín, después de un largo rato de estar encerrada en aquel avión para venir a ver a su hermano. ¿Para qué?, solo para enterarse de que ya lo habían expulsado.
-¿y ahora qué hago? –se pregunto, ya no tenía a donde ir, estaba completamente sola. Su norte siempre había sido Stefan, el lugar hacia ella debía ir, y ahora mismo se le había perdido, entonces ¿Qué hago? –se volvió a preguntar.
Sin una sola moneda en sus pantalones, y con una tarjeta de crédito que sabia en medio de la nada no el serviría, tuvo que aplicar a pedir aventón. Con el dedo pulgar levantado esperaba que alguien se apiadara de ella, y la quisiera llevar hacia el aeropuerto, y ya ahí decidiría a donde ir.
Un auto se detuvo, y un hombre maduro le sonrío y abrió la puerta. La chica le devolvió el gesto y entro rápidamente al asiento del copiloto.
-¿Qué hace una niña tan bella como tú, solita? –le pregunto.
-acabo de ser expulsada de mi colegio y debo ir a casa –le mintió. El hombre sonrío y después bajo la mirada, Alice se percato de su insistente mirada, y de la forma en la que se lamia los labios, de pronto se sintió asqueada.
-¿a dónde te llevo? –le pregunto.
-al aeropuerto –respondió ella en aquel alemán con acento.
-bien… y ¿Cómo piensas pagarme?
-no tengo efectivo –respondió ella al instante.
-no quiero ese tipo de paga… -agrego, volviendo a lanzar aquella mirada lasciva. Alice se retorció por dentro, y fingió su mejor sonrisa.
-detén el auto… -le pidió ella mientras ella se acercaba mas el hombre, casi respirándole al cuello. El tipo creyó que la muchacha estaba cediendo, y eso era un “si”, a su morbosa petición.
El hombre detuvo el auto, y apenas eso ocurrió la chica lanzo toda la fuerza de su peso en un certero puñetazo que se estrello en la nariz del tipo, el cual quedo confundido y adolorido, luego tomo la cabeza del tipo entre sus manos, y estrello con fuerza la cabeza del sujeto contra la suya, dejándolo así, total y completamente fuera de combate.
Alice se sintió un poco mareada, pero no dejo pasar el tiempo, saco al sujeto del auto, dejándolo tirado en medio de la carretera, bajo el candente sol. Presiono el acelerador, y siguió por el camino en el que habían estado por el momento, una ligera gotita de sangre corría por su frente, gracias al golpe que había dado, pero no le importo, ese tipo se lo merecía.
-no siempre voy a estar ahí para cuidar de ti… así que cuando alguien se atreva a faltarte al respeto, quiero que lo golpees como te enseño –le había dicho Stefan una vez cuando tenia diez años, mientras usaba como bolsa de pelea a un niño tonto de su curso –y después un solo golpe en la cabeza…
En aquel momento Alice se había sentido horrorizada por lo salvaje de aquellos golpes, pero su hermano le había dicho que solo era para defenderse.
-cuando lo hagas quiero que me lo cuentes todo… así me sentiré orgulloso de que mi melliza es fuerte y valiente.
Ella sonrío al recordar a Stefan, el su precioso Stefan; lo extrañaba como loca. Le tomo más tiempo del pensado, pero al final pudo dar con el bendito aeropuerto, dejo el auto prestado, dos cuadras antes, y avanzo calmada.
Se fijo en los distintos vuelos, y se pregunto ¿A dónde ir?. De pronto a su mente llego la imagen de una chica rubia de sonrisa extrovertida y un cuerpo de modelo, rio. Marco al teléfono celular de Adriane.
-hallo
-si… hablo con miss kitty –dijo ella mientras hacia una voz chillona, recordando el apodo que le abrían puesto por la fascinación que ella siempre había sentido por los gatos.
-¿Quién diablos…? –empezó ella, entonces se detuvo –¿Stef… Allie? –entonces Alice rompió a carcajadas, y del otro lado del teléfono Adriane también.
-¡Oh mi Dios! –exclamo la chica –tanto tiempo sin hablar… ¿Dónde estás? –pregunto Adrie.
-¿Dónde estás tú?
-en Magdenburgo… Anastasia y yo…
-ya están enviándola a internados –pregunto Alice sorprendida, su prima soltó un “aja” –en serio… pero si apenas tiene siete añitos, ¿Por qué nos odiaran tanto?
-ellos no nos odian…
-no te engañes Adriane. –le soltó Alice, cruda –bueno, como sea… recoge tus ropas, y prepara a la bebe –dijo ella refiriéndose a Anastasia.
-¿Por qué? –pregunto ella sin entender –escucha… tengo que ir a clases…
-espérame, estaré ahí para mañana…
-¡¿Qué?!¡¿Alice, donde estas?! –pregunto la rubia sorprendida.
-más cerca de lo que crees… a mi tío Tom va a darle un ataque
-Allie… no creo que…
-vamos Adrie… no seas aguafiestas… estaré ahí mañana… espérame –le termino de decir y luego corto la comunicación.
Ya sabía cuál sería su siguiente destino.

-¡¿Cómo?! –grito Tom, mientras la vena de su frente empezaba a latir, Ania corrió al salón en su busca, y en el quinto escalón de las escaleras se detuvieron Damián y Stefan, al escuchar a Thomas.
-pero creí que ese sitio era seguro… ¿Cómo pueden ser tan torpes? –escupió despectivo –son unos inútiles…
La molesta directora de la  institución ya molesta por los insultos, le soltó que “no era culpa suya que su sobrina fuera una loca perdida”
-mida su palabra, y muérdase la lengua antes de hablar mal de mi sobrina… maldita inútil, me voy a encargar de que su institución sea cerrada… ¡escríbalo con tinta! –acto seguido Thomas cerro la comunicación. Stefan al darse cuenta de que era su hermana de la que hablaban, había bajado corriendo la escalera.
-¿Qué paso Tom? –le pregunto Ania.
-Alice se ha fugado del internado… -gruño –y los inútiles recién se dan cuenta…  -Stefan oculto la sonrisa que bailaba en sus labios, se sintió orgulloso de su melliza.
-¿A dónde abra ido? –pregunto Ania.
-conociéndola… es probable que busque a Stefan, así que Berlín… ¿Cuándo se escapo? –pregunto Dam.
-al parecer hace dos días… -en verdad habían tardado en descubrí que les faltaba una estudiante.
-entonces ya debe saber que Stefan no está ahí mas… entonces…
-¡Adriane! –soltaron Thomas y Damián a la vez. Stefan vio muy sorprendido a su hermano y tío, se dio cuenta de que ellos lo conocían más de lo que pensaban, entendían al parecer a la perfección sus mentes. De pronto quedo muy claro en su mente, las razones por las que siempre los encontraban cuando se escapaban.
-voy a llamar al internado de las niñas… -soltó Thomas mientras se metía al despacho con el teléfono en la mano, detrás de él se fue Ania.
-creo que pronto tendré a mi hermana pro aquí –dijo Stefan, mientras se llevaba las manos despreocupadamente detrás de su cabeza, Damián asintió, y ambos se fueron juntos al salón.
-tu y Alice han hecho que mi tío Tom tenga más de una cana, de eso estoy seguro –soltó un sonriente Damián, mientras tanteaba la punta del sofá, para dejarse caer en el.
-eso que no lo has visto… es casi completamente blanco –se carcajeo Stefan. Era cierto en el trascurso de los años el cabello rubio castaño de tom había ido cambiando hasta ser mas blanco que nada.
-me lo imagino… -ambos volvieron a reir, aunque poco a poco las risas alegres fueron menguando hasta convertirse en un frio silencio, en apariencia porque el ambiente era llenado de música de jazz, Stefan se quedo quieto escuchando la suave melodía, y se sintió triste de pronto.
-¿de dónde viene aquella melodía…?
-de la habitación de la abuela… a esta hora se encierra y creo que recuerda –Stefan miro atento a su hermano y vio como se quitaba las gafas oscuras, por primera vez de fijo en el color de ojos se su hermano, pensó que a cualquiera le gustarían, era mucho mejor que el aburrido color castaño de sus ojos.
También empezó a fijarse en detalles de su rostro tratando de encontrar parecido entre ellos, sus narices eran las mismas, y la forma de sus labios, si bien era cierto en el área de los ojos Damián era idéntico a su padre, en la barbilla, y la forma de su rostro. Pero ahí en el fondo el noto sus similitudes, y sonrió.
-me pregunto… ¿cómo se abra enterado mi madre de que estaba embarazada por primera vez? –la pregunta sorprendió a Damián, y decidió que sería honesto con su hermano, porque era la primera vez en años en las que el podía pasar tiempo con el.
-ya sabes mi madre no estaba casada cuando eso paso… y según se fue más motivo de sorpresa y de miedo… mi tía Ania me ah confesado incluso que ella y nuestro abuelo por parte de madre…
-¿abuelo materno? ¿está vivo?¿donde vive? –pregunto de pronto Stef, interrumpiendo la explicación de su hermano mayor.
-sí, si está vivo… vive en el centro de la ciudad de Roma –Stefan se decepciono al escuchar aquello –pero como te decía, la noticia de nuestra llegada le molesto… y le dio una especia de ultimátum, o abortaba o la botaba de la casa…
Stefan se sintió sorprendido e interesado.
-¿mi tia apoyo eso?
-solo digamos que por aquella época a mi tía no le agradaba nuestro padre –un nuevo dato que a Stefan le resulto más que interesante.
-bueno ante aquello mi padre se llevo a mi madre, ya vez ella se negó a quitarnos la vida…
-¿quitarnos? –pregunto Stefan, interesado en saber porque Damián usaba el plural.
-no creerías que tú eras el único con un hermano extra –soltó el mientras le guiñaba el ojo. –mira la mesita de allá –Stefan volteo y se encontró con una mesilla de bordes de oro con un grupo de fotografías en marcos de oro.
Eran aproximadamente cinco cuadros acomodados simétricamente. En uno estaban su abuela, en otra su abuela de nuevo pero esta vez acompañada de un señor de cabellos negros.
-el señor que esta con la abuela es…
-el abuelo Luciano… el que falleció el mismo día que… -no continuo sabia que él había entendido a que se refería, sin darse cuenta Stefan llevo sus manos alrededor de su pecho, en un gesto de autoprotección que había adquirido al ser solo un niño.
Siguió viendo las fotos, y se topo con personajes desconocidos, y se dio cuenta de que en verdad le faltaba por conocer a su propia familia, pero entonces vio algo que verdaderamente le llamo la atención. Una foto en la que había dos niños vestidos en unos mamelucos jeans, ambos rubios sujetándose las manos al pie de una gran escalera.
-¿y esos niños?
-somos Daniel y yo –le soltó Dam con una gran sonrisa, siempre se alegraba al hablar de su hermano.
-¿Daniel? –Stefan sujeto la imagen de los niños con fuerza entre sus manos, y la volvió a ver detenidamente, eran dos pequeños idénticos, gemelos.
-tu… ¿Dam tu tenias un gemelo? –Stefan volvió a sentarse, ya la palabra sorprendido no parecía ser suficiente como para abracar todo lo que sentía verdaderamente.
-si –sonrió.
-pero…que… como… eh… ¿Qué paso con él? ¿murió? –pregunto sin poder evitarlo.
-pues… si, el falleció en el mismo accidente en el que yo perdí la vista –su rostro se ensombreció un poco –era un loco, que siempre me convencía para hacer miles de travesuras… -sonrió con añoranza.
-yo jamás,.. ¿Por qué nunca me dijeron?
-no era necesario…
-no era necesario que supiera que tenía otro hermano llamado Daniel… porque siempre tienen esa necesidad de ocultar las cosas.
-creo que… en cierta forma tienen razón al decir que los hemos aislado, aunque vuelvo a repetirte espero que algún día lo entiendas y nos perdones…
Ambos guardaron silencio por un momento, y el rostro de Damián se alegro de pronto.
-creo que… cuando se enteraron que tu y Alice venían fue un acontecimiento más alegare… según se mi madre se hiso un chequeo general, pero por acudir a sus clases de música no pudo recogerlo… el primero en enterarse fue mi padre, luego el se lo dijo a mi tío… el cual se lo dijo a la abuela, y al abuelo… entonces lo supieron Stella, Gustav y Georg… y al final lo supo mi madre.
-gracias por la historia… aun así no puedo dejar de sentirme molesto…
-lo único que te puedo decir y que es cien por ciento cierto es que… te quiero mucho Stefan, tu y Allie son mis hermanitos, y de poder tenerlos aquí siempre… lo haría, pero no se puede.
-pero… ¿Por qué tantas mentiras? –pregunto ya bastante sofocado.
-¡entra! –escucho que gritaban de pronto -¡muévete te he dicho! –se escucho seguido por un grupo de insultos en alemán, Stefan y Damián, habiendo crecido dentro de aquella familia, y conocedores del idioma no pudieron evitar abrir sus bocas. Jamás habían escuchado tantos insultos juntos.
Todos salieron de vuelta al lobby, cuando ya estuvieron ahí, Tom y Ania también aparecían, y Simone ya venía bajando las escaleras.
Una mujer rubia de ojos azules y piel blanquísima, veía a sus familiares realmente avergonzada, mientras sostenía de las orejas a dos niños, uno en cada mano. El primero un chiquillo de cabello muy negro, al igual que sus ojos, un extraño peinado que cubría sus ojos, y unas ropas de cuero, y telas sucias. El otro de cabellos tan rubios que bien podrian parecer blancos en mucha luz, con un estilo de ropas muy parecido a las del otro niño.
-ya sabía yo… que solo Ilse podría tener una garganta tan potente como para atravesar los muros de esta casa…
-lo siento –se disculpo la mujer en tono amable de voz.
.tía Ilse… -se quejo el niño de cabellos negros.
-¡calla! –le grito la mujer, mientras fulminaba al pequeño tan solo con la mirada.
-¿Qué ocurre Ilse? –pregunto Simone, mientras veía con ternura a los niños.
-estos mocosos del infierno me han hecho seguirlos por todo linchestein, no se que demonios quieren hacer…
-¡tia!
-¡madre!
Gritaron los dos juntos.
-ah ya veo… uno de ellos debe ser Gaspar –soltó Thomas mientras veía interesado a los pequeños.
-este de aquí –dijo la molesta mujer mientras empujaba hacia adelante a el muchacho de cabellos blancos, levanto su azul mirada, y eso lo delato; ciertamente era hijo de Ilse. –preséntate…
El niño vio a todos y frunció el ceño.
-¡Guten Tag!
-y este de acá es Sasuke –dijo mientras indicaba al chiquillo de cabellos oscuros –Dirk me lo encargo, solo una sencilla visita, pero a estos nenes se les ocurrió escapárseme…
-bueno no veía a estos niños desde que eran unos bebecitos –soltó Simone, mientras se fijaba detenidamente en sus sobrinitos.
-Ich will nicht hier sein (no quiero estar aquí) –soltó Sasuke –langeweilen hier... alle sind langweiling (este lugar es aburrido… todos ustedes lo son) –dijo mientras les sacaba la lengua.
-¡Sasuke! –lo reprendió Ilse. El niñito le hiso una trompetilla, y acto seguido salió corriendo escaleras arriba.
-¡muchachito del infierno! –se quejo ella mientras empezaba a correr detrás de el, pero en medio del camino se tropezó y cayó de rodillas, furiosa se volvió a poner en pie como pudo y volvió a correr detrás del muchacho.
-no tengo muy claro… ¿Qué es lo que acaba de ocurrir? –se pregunto Ania.
De pronto Gaspar salió corriendo directo al salón, y se trepo en uno de los caros sillones. Todos voltearon a ver al hiperactivo niño.
-yo tampoco entiendo… ¡¿Qué diablos ocurre aquí?! ¡Ilse ven por tu hijo!

aki sta este nuevo kapi... y Sasuke, para akellas k no lo sepan se pronuncia Saske, bastante sencillo
bueno se kuidan chikitass
le sigooo prontooo (:

domingo, 1 de mayo de 2011

All my senses/1

-¡Kaulitz! –grito una mujer entrada en años en el tercer piso del colegio privado, donde ella cumplía funciones como directora, mientras veía como un camión había sido estrellado en la pared del patio trasero, por nada y mas nada menos que por William Stefan Kaulitz.
El muchacho sonrió ampliamente orgulloso de su hazaña, sabía que la rectora estaba mas furiosa que nunca, estaba seguro de que al fin, esta vez si conseguiría lo que deseaba. Hiso estallar el laboratorio de química, dejo la podadora suelta en los jardines del colegio, puso jabón en la cafetera de la sala de maestras, y nada de eso había sido suficiente para lograr su expulsión, pero esta vez estaba seguro de que si lo había logrado.
Dos horas después, ya habían llamado a su tío, y lo había lanzado fuera de aquel internado.
Solo con dos grandes maletas a su lado izquierdo esperaba fuera del colegio, sabía que tarde o temprano venían a buscarlo, y no se equivocaba, media hora después, una limosina negra se detenía frente a el, para recogerlo. El entro en ella con una gran sonrisa, la misma que desapareció en cuanto vio a la persona que estaba dentro.
Una mujer de piel blanca, impecablemente maquillada, elegantemente vestida, lo veía con desaprobación.
-¿abuela? –pregunto él, y la Simone asintió. –Tiempo sin verte –soltó.
-tu tío está furioso mi cielo –dijo ella en aquel tono maternal, y a la vez duro. -¿Qué es lo que intentas con todo esto querido?
-solo quiero estar en casa –fue la simple respuesta del muchacho mientras veía por la ventana con gesto pensativo; su cabello negro y lacio se batía con el viento. Simone suspiro.
-te pareces tanto a tu madre –soltó ella de pronto, el muchacho se sorprendió al escuchar a su abuela, mas luego sonrió ampliamente.
-¿enserio? –pregunto. Simone lo vio reprobatoriamente.
-sí, tú y tu hermana… son los que más se parecen a Isabel, son su viva imagen –conto ella –aunque claro, tu madre era buena alumna… y bastante centrada. –concluyo.
-abuela… -empezó –cuéntame más de ella… en casa el tema de mi padre y madre parece ser una especie de tabú…
-me dolió mucho el perder a bill… tu sabes que tus padres, y tu abuelo murieron bajo las mismas circunstancia… es demasiado dolor, demasiado… -la voz de Simone se quebró en la última palabra, y Stefan no pudo evitar sentirse mal por eso, pero aun asi sentía que no podía controlar su curiosidad
Toda su vida había sido un constante viaje de país en país, de internado en internado. Solo Allie, su melliza había sido su constante compañía, pero hace unos meses, su tío había decidido que ella lo apoyaba demasiado en sus travesuras, y que por lo tanto ella se iría a un internado al otro lado del mundo, al fin quedándose solo. Y no era justo.
No había conocido a su madre, tampoco a su padre. Si bien es cierto ambos eran gemelos de su tía Ania, y de su tío Thomas, pero no era lo mismo. Jamás recibió los cuidados de Isabel, ni pudo conversar o jugar con William, el simplemente, el y su hermana habían sido relegados, olvidados.
-¿A dónde van a enviarme ahora? –pregunto el, creyendo que seguirían el mismo procedimiento de siempre.
-a casa… -contesto simplemente Simone.
-a Liechtenstein? –pregunto sorprendido. –pero… y… ¿no van a mandarme a otro internado? –pregunto el, con una gran sonrisa.
-por unos días… tu tío ya no sabe a dónde enviarte, simplemente creo que se le agotaron las ideas… -el muchacho sonrió.
-no he puesto un solo pie en la casa desde las navidades de hace tres años, me pregunto si el pececito dorado de Adrie sigue vivo… y ¿Ariel? –pregunto –esa chica es preciosa… -soltó el, al mismo tiempo que esbozaba una sonrisa maliciosa, que bien pudo recordarle a Tom.
-Solo esta Ariel en la casa, también veras a Damián –el muchacho se detuvo en sus especulaciones, y volteo a ver a su abuela sorprendido.
El tenía quince años, a punto de cumplir dieciséis, y no recordaba a su hermano. No lo había visto desde los diez años, y su recuerdo de Damián era nulo. De pronto la idea de pasar unos días en la casa de Liechtenstein, fue más que buena.
Durante el transcurso de viaje en avión, su abuela se negó a volver a tocar el  tema de sus padres, y después desde al aeropuerto hasta la casa, no cambio mucho. Su abuela lo llevo directo a un gran salón, que pretendía ser el despacho, ahí su tío Tom lo esperaba.
-¿Cuántas veces mas piensas hacerte expulsar? –fue lo primero que le pregunto su tio al muchacho, ni un saludo, directo sal asunto.
-solo deja de enviarme a esos lugares… ¿Por qué no puedo ir a un instituto normal como… como Damián?
-con tu hermano no es lo mismo, y tu lo sabes… no te puedes venir a hacer el desentendido –le soltó el –quiero que entiendas que esto no lo hacemos porque queremos, es porque los mejor para ti… para tu hermana, incluso hasta para mis hijas.
-¿enserio? Yo siempre he creído que ustedes no tienen tiempo para nosotros… que su trabajo y sus métodos para ganar dinero son más importantes que nosotros… en resumen… no somos mas que estorbos
-hazme el favor de guardar silencio… tú no sabes nada –empezó Tom, mientras elevaba el tono de su voz.
-yo se que mi madre no hubiera querido esto… ella hubiera preferido cualquier cosa antes de alejarme de ella, a mi o a cualquiera de mis hermanos.
-¡sal de aquí Stefan! –le grito Tom. El muchacho se sintió furioso y se dio la vuelta dispuesto a salir corriendo de aquel sitio, pero entonces unos brazos lo rodearon, y abrazaron con fuerza.
-tanto tiempo Stef… -entonces una mujer morena y de cabellos negros lo vio a los ojos, el la identifico como su tía Ania –que bello estas… y que alto… y solo tienes quince, te falta muy poco para ser tan alto como tu padre –le dijo ella, y el muchacho registro en su necesitado cerebro cada palabra.
Todo detalle nuevo sobre su padre y su madre, era captado al instante.
-¡Ania! –la reprendió Tom.
-no me interesa Thomas… el es mi sobrino y lo quiero consentir, no me interesa nada más que estar con el.
Ania sabía que ante los ojos de Stefan, Tom había quedado como el enemigo, cosa que no estaba más lejos de la verdad, pero en algo su sobrino tenía razón. Thomas se había visto un poco superado por la avaricia y el deseo de tener mas y mas dinero, pudieron abandonar esa vida hace tanto, y no lo habían hecho, porque le no había querido.
Se retorcía del dolor cada vez que pensaba en Adriane, y Anastasia, tan lejos de sus brazos.
Ania tomo a su sobrino, y lo llevo a la cocina le ofreció una tarta de manzana que acababa de ser hecha, segundo por un vaso con leche y chocolate, el muchacho se veía sorprendido por la atención que estaba recibiendo, es decir recordaba siempre a su amable tía Ania, pero no había sido tratado asi hace tanto.
-gracias… -le respondió el verdaderamente agradecido.
-oh cariño… los extraño tanto –dijo ella mientras acariciaba el rostro del chico –te pareces mucho a Isabel… -dijo ella sonriente.
-tía… también me parezco a ti –soltó el, un poco cohibido ante la dulce mirada de Ania
-yo me refiero a tu mirada… esos ojos, tienes el alma llena de penas, aun así sonríes… te pareces demasiado a ella –el muchacho se sintió más que sorprendido por  aquellas palabras, y vio interrogante a su tía –cariño… ya ves tu madre paso por muchas dificultades… pero como los amaba –dijo mientras pasaba su mano por el oscuro cabello de Stefan.
El bajo su mirada, y sonrió.
-tía… cuéntame de mi mama… ¿Cómo era?¿Que le gustaba?¿Como conoció a mi padre?
-oh oh… cielo más despacio… -le pidió ella mientras se serbia un vaso de jugo de mandarina –tu madre era una persona que parecía mil años luz mas madura que yo… un carácter complicado, fuerte, y completamente entregada al amor que sentía por Bill… y a todo lo que significaba estar con el
-a que te refieres…  -su tía negó
-le gustaba el rock, y leer mucho, escribía, y cantaba… en nuestros gustos nos parecíamos bastante, y a Bill… a el… -Ania empezó a pensar, como decir la verdad de cómo su hermana conoció a Bill, sin revelar demasiado –se vieron por primera vez en la puerta de la cafetería favorita de Is –le conto.
Stefan volvió a sonreír.
-¿Por qué no hay fotos de mama y papa en la casa? –pregunto el de pronto, entonces Ania salto de golpe y tomo la mano de su sobrino, subió con el a velocidad las escaleras y fue directo a su habitación.
-para tu abuela fue muy doloroso… así que las fotos las guardamos entre Tom, mi madre, tus demás tíos y yo…
El muchacho vio Ania revolver una carpeta con un montón de papeles, hasta que de en medio de ellas saco un inmenso álbum de color café, lo puso en la cama y dejo que lo viera. En la portada había una foto de una mujer morena de mirada triste, muy parecida a su tía Ania, abrasada a un hombre mucho más alto de cabellos negros y gafas oscuras. Sobre ellos decía Bill y Bells.
-tía… -escucharon, y en la puerta se paro un muchacho de cabellos rubio castaños, ojos café oscura y piel muy blanca. Stefan se sorprendió al verlo, una campanita empezó a sonar en algún momento oscuro y perdido de su memoria, supo que ese joven era su hermano mayor.
Damián avanzó seguro, claro conocedor de cada centímetro de aquella casa, quien no supiera su situación pensaría que no tenía ninguna discapacidad.
-querido has llegado justo a tiempo… estábamos hablando de tus padres –el chico sonrió ampliamente, dejando relucir una brillante dentadura, con una ligera línea de braquets en sus dientes superiores.
-oh bien… -dijo el mientras tocaba a tientas el filo d ela cama y luego se sentaba –Stefan –soltó de pronto en un tono alegre –tiempo sin verte hermano
-como… digo… tu –empezó confundido Stefan.
-tu olor no a cambiado a pesar del tiempo… me refiero tu aroma natural, es una mezcla entre aire y fresco, un poco a sudor también… deberías bañarte mas seguido –Ania no pudo evitar el lanzar una risotada, y Stefan vio con mala cara a su hermano. “que raro resulta pensarlo de esa forma”, se dijo así mismo.
-bueno… -empezó Ania mientras abría el álbum, Stefan veía interesado cada imagen de su madre, su sonrisa, su cabello, el corte del mismo, las ropas que usaba, el color de su piel, y al mismo tiempo se sentía feliz de ver que sus padres se amaban, en cada foto se abrasaban, besaban, lucían felices; mientras él veía, Ania le describía las imágenes a Damián, el cual sonreía y asentía.
-mira esta foto la tomaron el día que les dieron sus nombres, o eso me conto Tom –soltó Ania, mientras señalaba la imagen de dos bebes recién nacidos de cabellos oscuros.
-¡Hey! –se escucho –ya decía yo… que el play room estaba vacío –dijo una muchacha en tenis, y una sudadera de color blanca, su cabello rubio recogido en una coleta, ojos castaños. -¡Stef! –soltó de pronto al fijarse en el chico –tanto tiempo…
-¿Ariel? –pregunto el, la chica asintió. –wow… has cambiado –dijo el mirando detenidamente el cuerpo de la chica, Ariel, no pudo evitar sonrojarse mucho, aun así trato de controlarse.
-oh, eso me recuerda tengo que hablar con Stella… chicos sigan viendo las fotos… -soltó ella mientras salía pitando de la habitación. Ariel suspiro un poco, y subió a la cama, recostó su cabeza suavemente en las rodillas de Damián, sorprendiendo de esa forma a Stefan.
-¿ustedes? –pregunto él, mientras hacía señas entre los dos.
-si lo que quieres saber es si Ariel y yo estamos juntos… la respuesta es si –soltó un sonriente Dam, mientras acariciaba con dulzura las mejillas de la chica; la cual cerro los ojos y disfruto del cálido tacto de su chico. Stefan no pudo evitar sentirse decepcionado. Ariel siempre le había gustado, era una chica dulce y amable, y nunca perdió la esperanza a pesar de saber que ella era tres años mayor.
-¿Qué hiciste esta vez para lograr que te expulsaran? –pregunto la chica de pronto.
-estrelle un camión en la parte de atrás del colegio –conto con voz tranquila, mientras volvía a dirigir su mirada al álbum –le molestara a mi tia si llevo el álbum a mi alcoba… -se pregunto el.
-no para nada… -soltó Damián –mira todo lo que quieras, y disfruta del tiempo que estarás aquí, así como nosotros te disfrutaremos a ti…
-quizás podamos convencer a Thomas de que deje a todos quedarse aquí… en esta ciudad hay excelentes colegios… no veo la necesidad de enviarlos…
-¡Ariel! –la reprendió Damián –mi tío sabe lo que hace… no debemos contradecirlo –Stefan apretó las manos molesto, Si, claro Thomas sabía lo que hacía, en su opinión el lo único que deseaba era alejarlos, por ser estorbos, y ahora se daba cuenta de que Damián y Thomas se parecían bastante en ese aspecto.
-no dejare que vuelvan a encerrarme en un internado… -dijo el, mientras cerraba el álbum y se ponía de pie, y salió de la habitación sin decir más. Dejando a Ariel, y a Damián desubicados, y tristes.

Mientras tanto al otro lado del mundo, en un internado de inmensas paredes de ladrillo rojo, una muchacha de cabellos muy negros, y extraño color de ojos, saltaba la reja de la puerta principal. Afuera un joven en chaqueta de cuero la esperaba, con una motocicleta encendida.
Ella subió en ella, y acto seguido la moto acelero, se soltó el cabello y sintió el viento en su rostro. Su familia la había alejado de ellos, y de su querido mellizo, pero no conocían a Alice Isabella Kaulitz, si pensaban que ella se quedaría como si nada esperando dentro de ese sitio.
¡Jamás!
Ahora iría en busca de su amado Stef, y solo así estaría completa de nuevo. La moto acelero y el conductor elevo un poco la parte delantera de la misma, Alice se sintió extasiada. Al fin libertad, libertad después de meses.


Decidi k este fic se merecia un mejor final... asi que les traigo "All my senses" todos mis sentidos, una historia corta para ustedes con todo mi cariño. :D

viernes, 29 de abril de 2011

Elle Girl TV Japan - Entrevista a Tokio Hotel - (sub. español)



Esta es sin duda, mi entrevista favorita. :D Amo a TOKIO HOTEL!

jueves, 28 de abril de 2011

jueves, 21 de abril de 2011

Pregúntale a Tokio Hotel

Tokio Hotel estará en los premios Muz-TV y han querido organizar una
entrevista hecha por fans. Tienes que enviar tu pregunta antes del 25 de
abril, ya que ellos responderan el 29 de abril. A continuación, te
enseñamos a como enviar tu pregunta:


1. entra en www.muz-tv.ru y pincha en el botón rodeado de rojo


2. Rellena el formulario (todo es obligatorio)


3. Al rellenar el formulario anterior, te enviaran un correo de confirmación al Hotmail. Cuando lo confirmes, entra con tu usuario y contraseña


4. Ahora estas dentro de la web con tu usuario, vuelve a la página principal y pincha encima del texto de TH.


5. Ahora pincha en el icono rosa. Te saldrá un cuadro de texto en blanco. Ahi tienes que formular tu pregunta. Después te saldra otro
con rosa debajo, pincha en el para enviarla. ¡Y ya has formulado tu
pregunta!

fuente:mytokitas.com