Ariel sonrío, mientras aspiraba profundamente, era un día precioso, los grandes y verdes arboles del jardín, daban frescas sombras, y un aroma a naturaleza se esparcía en el ambiente, ella no se percataba pero en el piso superior Damián y Stefan estaban juntos en el balcón, observándola, o al menos Stefan lo hacía.
-deberías ir con ella… -le propuso Stef.
-Me gustaría mucho… dime como se ve… -Stefan volvió la mirada a el jardín.
-ella se acaba de recostar en la sombra, se soltó el cabello, y cerró los ojos… parece tranquila –le conto, y el sonrío ampliamente.
-¿es hermosa? –pregunto él.
-estoy seguro que no necesitas que te lo diga… tú lo sabes Damián… ¿Por qué te comportas así con ella? –noto que su hermano lo miraba medio sin entender –me refiero al fin de semana pasado… pudiste ir con ella a esa bendita quermes
El rostro de Damián se endureció, y cruzo los brazos.
-no quiero seguir hablando de eso… es simplemente que no entiendo, como ella puede querer estar conmigo si… si yo…
-Damián… ustedes han crecido juntos, ella sabe perfectamente tu condición… y creo que así es mejor, ella te conoce más que nadie… y te ama, me consta –solo faltaba ver la forma en la que ella lo miraba, tan de frente, tan embelesada.
-aun así no puedo dejar de pensar que ella se merece a alguien mejor…
-discúlpame por esto que te diré hermano, pero… quizás tengas razón –soltó, y Damián abrió su boca medio sorprendido, y luego compuso su expresión.
-tienes razón…
-caya… sabes que tienes razón, porque si no puedes ver que a ella no le interesa nada más que estar contigo… entonces tienes razón, y ella se merece a alguien que si pueda percibir lo mucho que ella se interesa… y su inmensa capacidad de amar…
-no puedo creer que me estés diciendo esto… me doy cuenta de que eres… más maduro de lo que pensaba –una sensación de orgullo mezclada con respeto fue creciendo en su interior. Se dio cuenta de que Stefan mas allá de ser alguien a quien le gustaba divertirse, era alguien que había madurado muy pronto, y podía ver cosas que el no, y por eso lo empezaba a respetar profundamente.
-¡Chicos! –se escucho por los pasillos -¡Dam! –reconocieron la voz de su tía Ania, la cual se asomo en la habitación encontrado a los hermanos juntos en el balcón. –Damián… -sonrío ella –Dam ya preparaste la maleta –le pregunto ella, y el muchacho asintió.
-¿A dónde van? –pregunto un curioso Stefan.
-a Roma… aunque no entiendo el apuro, partiremos dentro de tres días –soltó Damián mientras avanzaba hacia un sillón que se encontraba a solo unos pasos.
-pero… dentro de tres días es nuestro cumpleaños, cumplimos dieciséis… –soltó Stefan –eso quiere decir que no van a estar aquí… ¿Por qué?
-oh cariño… volveremos al día siguiente… y te traeré un regalo desde allá, lo prometo –aseguro Ania, mientras veía condescendientemente a Stefan.
-pero… ¿Qué es tan importante en Roma? –pregunto el moreno, mientras hacia una mueca.
-Daniel cumple dieciséis años de fallecido –soltó Damián como si fuera lo más natural del mundo, debo ir a verlo. –agrego.
Los ojos de Stefan se abrieron, y se sintió inmensamente mal. Su hermano cumplía dieciséis años de muerto, lo que es peor al parecer el había muerto el mismo día en el que Alice y ella nacieron.
-¿Por qué… el mismo día? –empezó a preguntar el, pero en su nerviosismo no logro formular como abría deseado la pregunta.
-el accidente ocurrió y… al enterarse de la muerte de Daniel, el parto se adelanto… -conto Ania con un suspiro –ya sabias que tu y Alice son sietemesinos.
-¡quiero ir! – soltó de pronto dejando verdaderamente sorprendidos a Ania y a Damián.
-no es necesario… -empezó Dam, pero se vio interrumpido por su hermano menor.
-Claro que es necesario… Daniel también es mi hermano, y le debo muchas visitas… demasiadas… -Ania esbozo una pequeña y triste sonrisa al escuchar aquellas palabras.
-¿en verdad quieres ir cielo…? –le pregunto ella.
-si… y estoy seguro de que Alice también va a querer ir en cuanto le cuente…
-está bien cielo… entonces voy a comprar unos cuantos tickets mas –soltó Ania mientras salía de la habitación.
-gracias por venir… será la primera vez, en la que vayan… seguro a Daniel les gustara conocerlos… ya sabes…
Stefan solo pudo asentir y sonreír. Una hora después le contaron a Alice todo sobre Daniel, el hecho de que abría muerto el mismo día en el que ellos habían nacido, y Alice, lloro. Lloro sosteniendo la foto de los mellizos que se encontraba en el salón. Lloro por la mentira, por que el guardar secretos también es mentir, y se sintió fatal por descubrir que no solo no tenía a sus padres, sino que había perdido a uno de sus príncipes. Y hasta ese momento no lo había sabio, y no parecía justo.
Al final, los tres días transcurrieron más rápido de lo imaginado, y después de felicitar a los mellizos, partieron de la gran casa. Sin saberlo un grupo de cinco hombres venían con ellos, Thomas no dejaría desprotegida a su familia, así que se aseguro de que estuvieran bien cuidados.
Eran doce del día cuando llegaron a la ciudad de roma, habían llegado en avión y se irían de la misma forma. Adriane también había ido en el viaje por Anastasia, a la que Ania le había pedido el favor de cuidarla, mientras ella se encargaba de vigilar a los mellizos, no vaya a ser que se les ocurriera escapar. Ella no creía que ellos fueran capaces, pero Tom es demasiado precavido.
El día estaba soleado y en el cementerio solo unas cuantas personas reunidas. Adriane se quedaría en la puerta con Anastasia, ya que su madre no deseaba que entrara a aquel sitio.
-dile a mi novio que le mando muchos besos, y que lo extraño –pidió Adrie a Damián, el cual sonrió al recordar aquella ilusión de niños, esa en la que ella aseguraba que se casaría con alguno de los gemelos, olvidándose del hecho de que eran primos.
Allie escucho atenta e interesada la petición de Adriane, y frunció los labios. No podía evitar el desagrado por aquellas que se apoderaran de sus hermanos, sabía que era irracional, sabía que era estupidez, pero no podía evitar ponerse celosa cada vez que alguien decía cosas como “novio”, refiriéndose a alguno de sus príncipes.
Decidió seguir avanzando con aquel ramo de flores de diferentes colores en medio de ese montón de lapidas de piedra, fría y dura, sin fijarse si venían o no detrás de ella, fue como si inconscientemente supiera donde encontrar lo que quería. En la punta de una colina en medio de esa campo santo, hayo una especie de monumento con un ángel en la punta. Y en la parte inferior una inscripción que decía.
“Aquí descansa en paz, un ángel. Hijo muy amado, hermano, primo, nieto, sobrino, te vamos a extrañar, porque la vida no volverá a ser la misma sin tu presencia.
Daniel Leopoldo Massoni Bassi
3/05/2005 – 27/ 10/20 10”
-¿Por qué el apellido de papa esta como Massoni, y no como Kaulitz? –pregunto Alice sin poder evitarlo.
-en aquella época nuestra familia tuvo algunos problemas… y para protegerlos cambiamos sus apellidos… -les conto Ania, ni ella ni Damián, habían recordado el detalle de que en la lapida Daniel llevaba su nombre completo, y original.
-entonces… ¿nuestro verdadero apellido es Massoni o Kaulitz? –esta vez pregunto Stefan.
-Massoni… recuerden que su abuelo Luciano era tan italiano como mi padre –aseguro ella, y Stefan descubría un nuevo detalle de su vida, que antes desconocía, se daba cuenta de que poco a poco iba sabiendo aunque ellos no lo desearan. Ahora sentía que debía quedarse en casa, haría cualquier cosa por no ir a un internado nunca más, él deseaba quedarse, y saber.
-Leopoldo… -sonrió Alice, mientras se acuclillaba frente a la tumba, y pasaba sus dedos por la suave piedra –que lindo nombre… -volteo a ver a Damián -¿Cuál es tu segundo nombre? –su hermano soltó una risotada.
-Alice Isabella… no puedo creer que esta sea la primera vez que se te ocurre preguntarme… yo pensé que si sabias –la cara del rubio muchacho no tenia precio, parecía feliz, a pesar de estar donde estaba.
-yo tampoco lo se… ahora que lo pienso –esta vez Stefan miraba a su hermano curioso. Ania se dio cuenta que ellos estaban bien, así que solo dejo el pequeño ramo de flores blancas, acaricio con delicadeza la tumba y luego se retiro.
-Luciano… Damián Luciano…
-¿Cómo el abuelo? –pregunto Stef, mientras se sentaba a un costado de la tumba de su hermano.
-si… mi mama quería que lleváramos los nombres de nuestros abuelos…
-ah si… si, entonces Leopoldo es el nombre de…
-el papa de mama… -dijo Alice ya comprendiéndolo todo. Luego todos guardaron silencio. –desearía tanto… tanto, que todo fuera diferente… desearía que Dan estuviera vivo, para así tener a todos mis hermanos conmigo… y que esos ojos maravillosos ojos que tiene Dam pudieran ver –el rostro de Damián se ensombreció un poco ante las palabras de su hermana.
-tener a nuestros padres vivos… ya ves, mi abuela Simone dice que a mi papa le gustaban los juguetes desde niño… y al crecer hacia representaciones contigo y Dan… me conto que era fan de los muñecos de Toy story… -los tres chicos lanzaron risotadas –me hubiera gustado verlo…
>que mi madre se grababa cantando… con ustedes, con mi padre… me dicen que era muy cariñosa y que le gustaba llenarnos de besos, pero no recuerdo… no tengo ni un solo recuerdo de mi mama… nada… -unas lagrimas se escaparon de los ojos de la chica, y Damián al darse cuenta del estado de su hermana se sentó a su lado y la rodeo en un abraso.
-yo tampoco tengo un solo recuerdo de mis padres… ni uno… -empezó Stefan –y me paso horas revisando las fotos, tratando de recordar…. Algo, solo un detalle, con el que pueda vivir, pero no… nada y no me sorprende éramos unos bebes cuando ellos se fueron, pero… aun así… siento que si dejo sus fotos, olvidare sus rostros… porque no tengo sus recuerdos…
-los recuerdos… son más dolorosos que el olvido, o el desconocimiento… cada vez que percibo el aroma de alguna mujer, que use la misma crema, o el mismo perfume que mama, volteo buscándola… emocionado con la idea de encontrarla, entonces recuerdo que ella no está más…y no puedo evitar sentirme mal… después de todo este tiempo… sigo teniendo la vana esperanza… -les conto Damián.
Alice rompió en llanto en ese instante, Stefan fue a su lado, y los tres hermanos se quedaron largos ratos en ese sitio, juntos, abrasados. No supieron bien por cuanto tiempo, pero cuando ya las lagrimas no eran más que manchas secas en sus mejillas, Alice decidió que era suficiente dolor por ese día.
-lo siento tanto Dan… -dijo ella mientras se dirigía a la tumba –seguro solo te hemos deprimido, perdón hermano…
-es cierto, mira han venido nuestros hermanitos a saludarte… son los mellizos Allie y Stef… son unos llorones, ya ves.
-¡hey! –se quejo Allie mientras daba un ligero golpe al brazo de Dam.
-¡Chicos! –llamo entonces Adriane a una distancia -¡¿no quieren comer?! –les pregunto. El estomago de los tres gruño de pronto, y hicieron caras raras.
-hemos sido delatados… -soltó un sonriente Stefan, mientras se levantaba, luego ayudo a su hermana.
Fueron todos a una plaza en el centro, donde había un conjunto de locales de ropa, y otros de comida.
-tiempo sin probar la comida italiana… -había dicho Allie en algún momento. Adrie veía interesada unas vitrinas de ropa, y Stefan y Damián hablaban de Ariel. Alice prefería no prestar atención, aun se estaba acostumbrando a la idea de que su príncipe tuviera novia, así que prefería fijarse en algo más.
-bien… en un momento nos traerán la comida –soltó Ania mientras se sentaba -¿Dónde está Adrie? –pregunto, Alice le hiso una indicación hacia la tienda de ropa. -¡Adriane! -la rubia giro al oír su nombre. -¿Dónde está Anastasia?
La rubia miro hacia abajo, y sus ojos se abrieron de pronto, se había quedado tan pendiente de la ropa, que no se había percato del momento en el que la niña se hubiera soltado de su mano. Su expresión de espanto fue lo que alerto a Ania de lo que había ocurrido. Giro de un lado al otro, buscando a su pequeña hija en medio de ese gentío, pero no podía distinguir nada.
-debemos dividirnos… -soltó Stefan –Dam tu ven conmigo… -lo dijo sobre todo, porque no sería nada bueno que él se quedara solo, se terminaría sintiendo mal.
-Adriane y yo vamos juntas –dijo Alice, mientras le hacia una indicación a la rubia –si la encontramos les marco. –prometió ella, después cada uno cogió por un camino diferente. La plaza era bastante grande y la niña podría estar en cualquier lado.
Cerca de la puerta de salida del lugar, un hombre de porte y con el cabello completamente canoso, se encontró con algo no tan curioso, y que pasaba siempre en un lugar tan grande como ese, una pequeñita estaba acuclillada, llorando. El se acerco.
-niña… ¿te perdiste? –le pregunto, la pequeña levanto sus grandes ojos castaños, los cuales estaban irritados por las saldas lagrimas.
-no encuentro a mi mami –le dijo ella en un alemán bastante claro, el hombre no sabía ni un poco de aquel idioma, pero vamos que hacia esa niñita ahí, una extranjera. El señor le hiso una indicación, y le sonrió con amabilidad.
Tenía que ayudar a ese niñita tan linda, llevaba un vestido color melón con frutitas bordadas en los filos, su cabellos largo y castaños estaba trenzado, y unas mejillas regordetas. El nunca había visto a una alemana, con aquel color de piel, entre blanco y oscuro, con cabello oscuro, debía ser mestiza seguramente.
-¡Anastasia! –se escucho de pronto la niña ya no tomaba su mano si no que se abrasaba a la pierna de una muchacha rubia, y claros ojos azules. Ella sí que parecía alemana, pensó el hombre. Con ella también apareció una chica morena, tenía el mismo color de ojos que la niñita, así que supo que debían ser familia.
-¿es suya? –pregunto el, la morena delgada sonrió.
-si… muchas gracias por cuidarla –le dijo ella en ese italiano perfecto. Su primera lengua por educación. La sonrisa de la muchacha hiso mella en el interior de aquel hombre. Esa sonrisa, y esos ojos tan tristes.
-Allie llama a Ania, la pobre debe estar preocupadísima… dile a todos donde estamos –Alice saco su celular, y marco rápidamente el numero. Sabía que estarían ahí en menos de lo que canta un gallo.
-¿de donde son? –pregunto el señor de cabello canoso, y sonrisa amable. Alice, dio vueltas en su cabeza una respuesta adecuada.
-no somos ni de aquí ni de allá –al ver el gesto confuso del señor, ella lanzo una risotada –no sé cómo explicarle… por ejemplo yo nací aquí, pero al año de nacida me llevaron a otro lugar… y yo, mis hermanos y mis primos –dijo mientras señalaba a Anastasia y a Adriane –hemos pasado de internado en internado toda nuestras vidas…
El se pregunto porque sus padres harían cosa tal.
-sus padres deben tener sus razones… -dijo el, Alice se encogió de hombros –aunque si yo pudiera tendría a mis hijos a mi lado las veinticuatro horas del día… aunque claro, eso ya no se puede.
-¿son adultos? –pregunto Alice.
-si, todos… -el negó mientras evocaba algunos recuerdos de su vida –uno se equivoca tanto con los hijos… si pudiera remediar mis errores… perdona a tus padres si sientes que son injustos contigo.
-soy huérfana de padre y madre –le conto ella, y el hombre abrió los ojos sorprendido –desde que tengo recuerdos así ha sido… aunque prometo tratar de entender mejor a mis tíos…
Entonces llego Ania y corrió a abrazar con fuerza a su pequeña hija, la cual hipo y lloro un poco más al sentir los cálidos brazos de su mami, ahora si se sentía mejor. Detrás de ellas llegaban Damián junto con Stefan.
El señor había mantenido la mirada gacha pensando en la tristeza que debe albergar el alma de aquella niña al no tener ni a su padre, ni a su madre. Debía ser una pena parecida a la que el sentía.
-¿padre? –pregunto Ania sorprendida al percatarse en la presencia de aquel caballero. Todos voltearon a ver a ese señor interesados, y el señor Leopoldo Bassi abrió su boca de golpe al toparse con la mirada de su hija. Tantos años, tanto dolor, y ella no parecía haber cambiado casi nada.
Un silencio se abrió paso en medio de ellos, era cierto el era su padre, y el abuelo de los chicos. El señor Bassi paso su mirada por en medio de todos aquellos jóvenes, ellos eran sus nietos seguramente, por eso le habían resultado tan familiares.
-creo que… niños deberíamos irnos –empezó Ania.
-no, por favor… -pidió el –déjame conocerlos –pidió. Ania se vio sorprendida por las palabras de su padre.
-ellos son los hijos de los Massoni ¿lo sabes verdad? –pregunto ella.
-no me importan… también son mis nietos
Después de aquellas palabras todos volvieron a la plaza de comidas, el mesero sirvió los platillos que ya habían sido pedidos, y el hombre observo cuidadosamente los rostros de los muchachos.
-ustedes son mellizos… -dijo mientras señalaba a el par de morenos, los cuales asintieron. Alice lo hiso con una gran sonrisa, quería saltar a los brazos de su abuelo, pero temía que él se sorprendiera y saliera corriendo.
-y tu… ¿podrías quitarte las gafas? –pidió a Damián, el cual obedeció. El señor se fijo interesado en las facciones del muchacho, en ese cabello más rubio que castaño, y en esos ojos miel en el centro, pero verde en el orbe.
-no deberías ocultar tus ojos –le aconsejo él.
-verdad… eso mismo digo yo, mi príncipe tiene los ojos más bonitos –Damián se sonrojo de pronto, ante el halago de su hermana.
-¿todos ellos son tus hijos? –pregunto el interesado.
-no… solo Anastasia –dijo ella mientras señalaba a la pequeña niña, que ya se había dormido en sus brazos después del susto –y Adrie que es como si lo fuera –dijo mientras le indicaba la muchacha rubia. –ellos son hijos de Is…
Entonces las palabras de Alice hicieron eco en su memoria, “yo soy huérfana de padre y madre desde que tengo memoria”, entonces no solo había muerto su hija, sino también William Massoni. La culpa golpeo su cuerpo, y no pudo evitar bajar la mirada.
Se había reprochado una y mil veces por haber dejado a su hija morir, pero no sabía que el también había fallecido, y ellos, sus nietos estaban solos. Aquel día, había decidido no enviar rápidamente a la policía, los había detenido creyendo que así se matarían entre ellos, y así fue. No conto con que su hija estaría ahí.
-se me olvido mencionártelo que Bill también había muerto, cuando estuve en la cárcel… -soltó Ania –lo siento… ya ves, estaba más adolorida por perder a mi gemela… -el odio y el resentimiento relució en la voz de Dariana, ni sus hijas, ni sus sobrinos la habían visto tan dolida, nunca.
Pero ella lo sabía, ella había sabido de aquella especie de negligencia por parte de su padre, el mismo se lo había dicho, por ello la policía no llego a detener ese caos, por eso mismo Is murió. Por ellos sus sobrinos no tenían hoy, a ninguno de sus padres.
-es mejor que me vaya… -dijo el, cuando ya no soporto mas la culpa, se puso de pie.
-no… no por favor –pidió Alice mientras tomaba su mano –quédate… por favor… -el no sabia que hacer, esa niña lo miraba con necesidad y hasta con un poco de cariño.
Un cariño que él sentía, no se lo merecía.