Tom singing Pain of Love!

Este es el video d la semana. Votaron y lo eligieron... lA peor interpretación de Tom es: Tom singin' Pain of Love! :/

Cap.2

"De sueño a pesadilla, de pesadilla a realidad"
Is
Suspire, mientras sentía al viento acariciar mi rostro, hacer que mis cabellos se balancearan. Me deje caer en el césped, y unas risas contagiosas, y alegres se escuchaban.
-mami… mami -me llamaban ellos, abrí los ojos, y los busque, a unos metros, idénticos, como si uno se parara frente a un espejo. -mami… repitieron ambos, en perfecta sincronía.
Reí, me puse de pie, y Salí detrás de ellos. Sus risas, eran como música para mi alma, mientras descalzos buscaban evitar que los agarrara entre mis brazos. Seguí detrás de ellos, hasta que caí en medio del prado, me cubrí el rostro con las manos, y empecé a fingir mi llanto.
-¿mami? -llamo uno
-¿mami? -preguntó el otro -¿Por qué lloras? -ambos se habían venido acercando, y cuando al fin los tuve a mi alcance, estire los brazos, y los apreté a los dos contra mi.
Sus risas no tardaron, y con ellas las mías. Era como si mi alegría, mi vida dependiera de ellos.
-mami nos engañaste -me acuso Daniel
-ah… pero fue por que no me dejaban cogerlos… ustedes fueron malos con su mami -dije mientras los recostaba a los dos en el piso -ahora tendré que castigarlos
-no, no, no… -se quejo Damian, mientras buscaba escaparse, no se lo permití
-si, castigo para los dos
-¡no! -soltaron con una carcajada, acto seguido empecé a hacerles cosquillas.
Sus risas, sus risas, eran todo para mi, sus risas provocaban las mías, era como si un hilito me atara a ellos, y desde el día de su nacimiento, yo viviera, respirara por ellos.
-¿Qué es esto? -pregunto Bill en ese momento, voz seria.
Me vio con un poco de reproche -¿Qué esta pasando aquí?
-mami nos esta castigando -soltó Damian y Daniel asintió.
-ya veo… mami, temo que has sido muy dura con nuestros hijos -asintió, y yo procure esconder mi sonrisa -solo por eso, nosotros tendremos que castigarte a ti
-no… -gemí, mientras trataba de huir, pero Bill me tomo en sus brazos, me recostó en el suelo, y empezó a hacerme cosquillas en compañía de mis hijos, carcajadas de felicidad, jubilo.
Deje que hicieran de mi por un rato, hasta que logre liberarme, y volví a perseguirlos, las risas se fueron haciendo débiles, y lejanas. El cielo adquirió un color grisáceo y gruesas gotas de agua empezaron a caer, y empecé a cansarme, no los alcanzaba.
Voltee a ver a Bill, para pedir su ayuda, pero no lo vi. Y cuando volví mi vista hacia mis hijos, ya estaban muy lejos. Apresure mi paso, corrí con todas mis fuerzas, y parecía que no podría llegar a ninguna parte.
Quería alcanzarlo, quería sostenerlos cerca de nuevo, no podían irse, no podían dejarme. Escuche a alguien llamándome, pero no me importo, yo solo quería alcanzar a mis hijos.
-¡señora! -alguien me llamo de nuevo, y el momento en el que volví a la realidad, tuve la sensación de que lograba alcanzar la mano de uno de mis hijos, aunque no supe cual.
-¿señora? -pregunto Maggi, la ama de llaves de la mansión. Me pase la mano por el rostro, tenia una ligera capa de sudor.
-si… ¿Qué ocurre? -pregunte débilmente
-señora…  la señorita Kimberly esta aquí… -en ese momento la puerta de mi habitación se abrió.
-dijiste que querías que te acompañara al medico ¿recuerdas? -me recrimino, mientras se sentaba en la cama.
-si… lo siento -dije, mientras trataba de respirar profundo para tranquilizarme.
-¿Qué te ocurre? -me pregunto -si te sientes mal, lo dejamos para otro día…
-no, esta bien… solo a sido un mal sueño -dije mientras me empezaba a poner de pie. Le dije a Maggi que se retirara a realizar sus actividades, y mientras tanto le conté a Kim, mi sueño.
-a sido, muy extraño… pero es de esos sueños que te preocupan y asustan ¿verdad? -asentí -por cierto, al igual que en tu sueño, Bill esta desaparecido, cuando llegue, no lo vi…
Fruncí el ceño,  y vi hacia su lado de la cama. El nunca se iba sin despedirse, aunque claro, usualmente yo no dormía tanto. Me termine de vestir y luego baje al primer piso en compañía de mi amiga.
-¡buenos días Bells! -me saludo Tom, mientras me daba uno de esos abrazos fuertes, que te sacan el aire, pero que al mismo tiempo son muy cálidos.
-¡buenos días Tom! -lo salude -oye, ¿no has visto a tu hermano? -le pregunte
-si, salió con los gemelos… los llevo a elegir los regalos que ellos le van a dar a la familia -sonrió el -ya quiero ver que me van a dar -sonrió soñador, le di un golpecito en el brazo.
-¿no llevaron a Adri? -pregunte curiosa.
-no, mi hija esta mas interesada  en ir a la escuela de danza en la que van a inscribir a Ariel… así que deje que se fuera con Gustav y Stella -sonreí.
-bueno, bueno… entonces yo me voy al medico…
-¡ah! -dijo el, mientras me acariciaba el vientre -ya vas a saber el sexo del nuevo miembro de la familia -dijo mientras se agachaba, y ponía la oreja en mi vientre de seis meses y medio.
-ya es hora, me estaba tardando demasiado. -sonreí, mientras yo también acariciaba mi pancita -bueno es hora, o llegamos tarde a la cita
-ok, cuídate -me dijo Tom
-de acuerdo, adiós -me despedí de el, y lo mismo hiso Kim.
Al llegar al hospital resulto que se no había hecho tarde, y que tenias que coger otro ticket. Me tocaría esperar hasta después de las doce, lo cual me resultaba muy problemático.
Ambas salimos a un pequeño cafetín que quedaba al frente del hospital, a esperar que llegara mi turno, ya eran las diez de la mañana y yo aun, no había tomado desayuno.
Pedí un café bien negro, y un trozo de tarta de queso, y Kim pidió cappuccino, y un pan de chocolate.
-sabes, el día de ayer fue tu padre a mi casa -me conto de pronto.
-¿Cómo esta? -le pregunte calmadamente.
-bastante bien, aunque me miro de mala manera como siempre… solo fue a hacerle una visita de cortesía a mi padre, el señor Bassi se ha vuelto muy huraño
-quizás sea mi culpa… -me recrimine
-tu y su carácter no tienen nada que ver, lo que lo atormenta a ese hombre es la forma en la que te arrojo al mundo, sin protección, completamente sola… tu madre se lo debió de reprochar mucho.
-lo hiso… pero también es cierto que mi madre solo sabe una parte de la historia, me sorprendió que mi padre no le dijera nada acerca de los Massoni
-quien sabe… como sea, no lo voy a invitar a la boda, ya amenacé a mi padre y le  dije que no le contara nada al señor Bassi.
-por tu lado… puedes invitar a quien desees, no te detengas por mi -le pedí, ella negó.
-es nuestra boda… una que tu debiste tener hace mucho, y una que ya me tocaba tener, y no deben estar presentes personas que puedan hacernos sentir incomodas…
-esta bien… -le sonreí sinceramente -por cierto ayer estaba viendo los modelos de vestidos para las damas… -continuamos con la conversación en cuanto a los preparativos del matrimonio.
Hace tres meses atrás, Dirk al fin le pidió matrimonio a Kimberly, y hace dos me di cuenta de lo mucho que amaba a Bill, y que estaba lista para al fin, casarme con el.
La forma en la que el miraba, lo cálido y dulce que siempre fue conmigo, se sumo al hecho de que se esforzaba por hacerme feliz, y siempre estaba ahí, para mi. Era un padre dedicado, cada instante libre durante las tardes era para jugar con los gemelos.
Mis momentos preferidos. Los que mas amo.
Cuando Bill entra en la habitación de juegos, verlo sentarse en el suelo, rodeado de juguetes, verlo ser desde un profesor, a un guerrero, desde un pirata, hasta un pistolero, y de ahí, a un súper héroe.
Creo que muy pocas veces ha reparado en mi presencia, y eso es lo que mas me gusta, por que así lo puedo ver bien. Concentrado en la risa de nuestros hijos, verlos de aquella manera tan única, de esa manera en la que no me ve a mi, y en la que no ve a nadie mas.
De esa manera que me lleva al día en la que ellos nacieron hace cinco años.
El efecto de la anestesia casi había desaparecido, y podía sentir cada uno de los hilitos tirando en mí bajo vientre, era el dolor que tenias que soportar en caso de tener una cesárea.
Tenia la boca seca, por lo que pase lentamente la lengua por mis labios, parpadee un poco y vi a mi izquierda. Dos cuneros, y dentro de ellos dos pequeños cuerpecitos envueltos en mantas de color celeste.
Vi a Bill debatirse un buen rato, en la idea de si tomar o no a los bebes, hasta que pudo levantar a uno de ellos. Se veía tan chiquito, y Bill se quedo largo rato observándolo, examinándolo, y al mismo tiempo sonriéndole.
-son perfectos -murmuro, vi como el bebe envolvía en su manita el dedo de Bill, y bostezaba un poquito.
Lo vio de una forma única, como si el castaño de sus ojos, se convirtiera en chocolate derretido, como si el mundo completo dejara de existir, solo era el, y los bebes. Mi corazón se acelero ante la imagen de Bill, como nunca antes lo había hecho, y desde entonces lo ame mas que nunca, como a nadie.
-¿me los acercas? -pregunte, el pareció sorprenderse, pero luego me sonrió y me vio con todo ese amor que sentía por mi, concentrado en sus ojos, como chocolate derretido. Dulce y cálido.
El que tenía en sus brazos lo coloco en los míos. Sonreí y lagrimas se amontonaron en mis ojos, me sentí feliz, alegre por  todo, por mis decisiones, por Bill, por mi, por estar viva, y con ellos.
Bill levanto al otro bebe, y me dejo verlo también, los dos bebes eran perfectos, como el los había llamado.  Sus mejillas grandes, labios rosados, pero su piel no era blanca, de nuevo debía acudir a la comparación del chocolate, leche con chocolate, así es la piel de los gemelos.
Ambos dormían mucho, por eso no pude ver bien el color de sus ojitos hasta algunos días después. Y fue Simone las que los vio primero, eran verdes y miel al mismo tiempo, en el filo del iris era verde, y las tonalidades cambiaban hasta llegar a la pupila donde se convertían en miel.
Damian y Daniel Massoni
-Bells… tu celular -me llamo Kim
-¿Qué? -pregunte, sin entenderla bien.
-¿en que estabas pensando?, te digo que te están llamando al celular -me repitió, despabile, y metí las manos en mi bolsa. Aquel recuerdo, el nacimiento de mis hijos, siempre había sido lo mas hermoso guardado en mi memoria, pero ahora, me había dejado un mal sabor de boca.
No entendía  bien, la razón por  la cual las manos me temblaban.
-¡hallo! -alcance a contestar
-¿Bells? ¿Por que no contestabas? -me recrimino Tom, fruncí el ceño
-¿Qué ocurre? -pregunte
-Bells… ocurrió un accidente… yo estoy hiendo a verte  a  el hospital donde tu estas-el corazón se me oprimió, y pareció que el mundo empezaba a avanzar en cámara lenta.
Me puse de pie, y cruce la calle directo a la entrada del hospital, no me di cuenta si Kim venia o no, detrás de mi. Notaba que mi amiga se estaba desesperando, mientras me llenaba de preguntas, pero yo solo esperaba que Tom llegara.
Cuando lo hice me subí sin preguntar nada, el corazón se me estaba oprimiendo, algo estaba mal, algo andaba muy mal. Sentía que lo perdería, que se irían de mi lado, que me dejarían sola, como en mi sueño, mi pesadilla.
"Doctor Di Maggio se lo solicita en urgencia, Doctor Di Maggio se lo solicita en urgencias"
Fue lo que escuche apenas cruce las puertas del hospital al cual, Tom me había llevado, lo vi acercarse a información, mas no lo seguí.
Empecé a buscar por  mi cuenta, mientras apretaba  mi mano derecha en el pecho, de pronto me detuve frente a la puerta que iba a urgencias.  Las puertas se abrieron, para dejar salir  a un hombre en camilla. Una enfermera le ponía un respirador, pero parecía inútil.
Aquel hombre parecía muerto, frio, sin un ápice de vida.
El hombre no se movía, tenia múltiples heridas en el rostro, en el cuerpo. Lagrimas saltaron automáticas en mi rostro y retrocedí, hasta que mi espalda choco con la pared. Mientras veía como el doctor corría detrás de la camilla que llevaba a Bill.
Respire con fuerza, y me sostuve de la pared para no caerme.
-¡Bells! -me llamo Kim -¿Bill? -dudo, como si no creyera lo que ambas habíamos visto.
No podía hacerlo, pero como deseaba salir de tras de Bill, asegurarme de que estaría bien, de que abriría los ojos, de que aquella impresión era la equivocada, de que el estaba vivo, estaba bien.
-Isabel… me asustas -gimió Kim, mientras me abrasaba -tranquila… no te hace bien, por favor, tranquila… ¿Dónde  se quedo Tom?-pregunto, y las palabras no  me salían, ella me ayudo a sentarme, apenas era consiente de que el cuerpo me temblaba.
-mis hijos… Bill -solloce -Bill…
-¡un medico! -grito Kim de pronto -¡un maldito medico en este hospital! -grito ella, y no entendía por que. ¿Qué ocurría?, me pregunte.
Luego un dolor punzante en el bajo vientre, me hiso retorcerme  en mi posición, y después no  recuerdo mucho mas.

Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve, diez, once, doce, trece, catorce, quince, dieciséis me detuve en ese numero, ya cansada de contar los movimientos de las manecillas del reloj. Ansiaba abrir los ojos, no entendía que era lo que había ocurrido.
Pero a un en un lugar lejano de mi memoria se mantenía un sueño, el sueño de unos gemelos jugando conmigo, la imagen del hombre que mas quiero, y la seguridad de que el sostenía mi mano, mientras yo sostenía la de uno de los niños.
Pero, y el otro, ¿Dónde se abría ido el otro niño?
"Doctor Di Maggio se lo solicita en urgencias" -volví a escuchar, me pregunto por que el doctor Di maggio sale de urgencias, si se ve que ahí lo necesitan mucho.
Estaba cansada de descansar, quería despertarme, pero por que no lo hacia. ¿A que le temía?
Temor, angustia, dolor, desesperación, y entonces un nombre se plasmo en el centro de mi mente.
-¡Bill! -grite mientras abrí  los ojos de golpe, solo para encontrarme con una habitación fría.
Yo,  llena de cables, y tubos. Me sentí molesta, no era momento de descansar, tenía que ir a ver a Bill, me decía a mi misma mientras me empezaba a arrancar los cables del cuerpo, la más dolorosa fue la intravenosa de mi brazo.
Salí de la habitación, y contuve  los temblores de mi cuerpo a causa del desagradable frio, quería ir a urgencias, pero casi no conocía el hospital. A una distancia alcance a identificar a Tom, y empecé a seguirlo.
Sabia que si me veía fuera de la cama me regañaría, podía entender eso de alguna forma, así que mantuve mi distancia. El se detuvo frente a una gran ventana de vidrio, que decía CUNERO, en letras grandes.
-sean fuertes -dijo el -sean fuertes bebes, ustedes no nos dejen también, por favor -un sollozo salió del fondo de su garganta, lance una ultima mirada y siguió caminando. Avance hacia donde el había estado, muchos bebes, pero solo dos llamaron mi atención.
Se veían muy chiquitos, más que los demás. Pálidos, débiles, lucían enfermos, al igual que yo hace un momento;  sus cuerpecitos estaban llenos de tubos. El corazón se me apretó con fuerza. Puse mi mano en la ventana y desee estar junto a ellos, acercarlos a mi pecho, y darles el calor que esas cámaras en las que estaban no podían darles.
-tía Bells -soltó la voz de una niña, mire a un lado y me encontré con Adriane, la hijita de Tom. Me lleve el dedo a la boca
-Shhhh -ella sonrió un poco e imito mi movimiento
-Shhhh -soltó una risilla
-¿Dónde esta tu papi? -pregunte, ella se llevo el dedo pulgar a la boca y me señalo el corredor.
-ven conmigo Adri -dije mientras le tomaba la manita y avance lentamente con ella. Me quede parada ahí, escuchando a Tom, a Kim, a Simone, al señor Luciano.
Primero no entendí bien lo que decían, luego las lágrimas saltaron de mis ojos, y un grito proveniente desde el centro de mi pecho, salió de mis labios. Las piernas se me doblaron, mucho ruido se fue acumulando a mí alrededor, gritos, llanto, que se iba haciendo lejano, ya que  fui perdiendo la conciencia poco a poco.
Pero con el conocimiento de que la pesadilla, se había vuelto realidad.

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