-¡estas loco! –soltó Iris.
-ciertamente lo estas… ¿Cómo se te ocurre invitar a Angélica a el matrimonio de Leonel? –me pregunto Samantha, en expresión seria.
-¿Por qué no? –Refute –ella es agradable, y sabemos que no es como las demás… es buena…
-no te discutimos eso… -dijo Isobell de pronto.
-lo que te decimo es… ¿Cómo esperas que ella vaya, si sabes con lo que se va a encontrar? –me pregunto Dirk, mientras se guía jugando con una pequeña manzana, que acaba de sacar del frutero.
-hablamos de lo mas obvio… muy aparte de el peligro normal al que se expondría, es decir –empezó Iris -¿Qué dirá Angélica al ver a un Bill y Ximena Kaulitz libres de arrugas? –me pregunto, y recién ahí, caí en al cuenta de lo que había hecho.
-o aun mejor… que dirá cuando vea a Kimy Lindeman, seguro pensara que se levanto de su tumba y ahora camina entre los vivos –soltó un muy burlón Dirk. El cual dio un mordisco a la manzana, hiso una mueca de asco profundo, y acto seguido arrojo con precisa exactitud la fruta en el basurero.
Deje que mi cuerpo cayera en el sillón de la habitación, y exasperado pase con fuerza las manos por mis ojos.
-tienen razón… pero entonces… ¿Qué hago? –Isobell suspiro.
-pues, que mas pedir al cielo y rogar porque no consiga el permiso… o… no se… ¿contratar maquillistas? –rio mi prima –y pedir a mi tía Kimy que no se aparezca por la fiesta.
Una gran sonrisa se extendió por mi rostro.
-¡gran idea! –exclame de pronto, en la habitación recibí mas de una mirada fulminante.
-gran idea ¡un carajo! –me reprendió Samantha –mi madre no te dejara llenarle el rostro de arrugas, así sea maquillaje… y no creas que a mi tía Kimy le va a gustar andar por ahí… ocultándose…
-ya pero…
-pero nada… -siguió ella, entonces mi celular sonó. En el identificador veía que me llamaba Angélica, y automáticamente conteste.
-dime…
-león…
-si –le conteste, mientras les hacia señal a los otros de que me esperaran unos minutos, para que después pudieran seguir regañándome.
-escucha, creo que… no voy a poder ir al matrimonio de Leonel… -¡si!, me alegre mentalmente - aunque me encantaría, pero… puedo ir después…
-tranquila todo bien, no hay problema –me apresure a decirle.
-ok, pero… puedo ir dentro de una semana… digo, en ese tiempo no estarás ocupado –me pregunto. Baraje mis opciones mentalmente.
Los chicos querían quedarse en Alemania un tiempo, y la verdad yo también. Mi madre me apoyaría si se lo pidiera, y adoraría tenerla conmigo toda una semana.
-si, me parece perfecto, entonces dentro de una semana… ¿nos vemos allá?
-si, te agradecería que me recogieras en el aeropuerto de Berlín –pidió, yo acepte de inmediato. Ella era increíblemente encantadora.
Sabia sus sentimientos por mí, aun así no creía que eso pudiera llegar a ser un impedimento para ser amigos. O estar cerca el uno del otro.
Después de intercambiar mas detalles de como nos encontraríamos, y decirle que obviamente se quedaría en mi casa, recibir varias miradas de desacuerdos, solo entonces cerré la comunicación.
-ella no estará en el matrimonio… mi tía y mi madre podrán ser libres de andar…
-entonces como es eso de que ¿se queda en la casa? –me pregunto Samantha, mientras me veía con una ceja alzada.
-es que aun así vendrá a quedarse un tiempo… una visita de cortesía, a su querido amigo –solté, y soltaron bufidos comunales. No les preste atención.
Sabía que ya no refutarían más.
*Angélica*
Había tenido varios problemas con mi padre. Ya no trabajaba, todo su dinero lo gastaba con su amante. Yo solo tenía el dinero que me había dejado mi madre, muy aparte del apoyo que me daba mi tía Lucero.
Pero mi padre se estaba equivocando, muy pronto su dinero se terminaría y el no quería entenderme.
“tu solo eres una piba, y no me vas a decirme que hacer”
Era lo que me decía, cada vez que intentaba hacerle entender. la ultima vez me había golpeado con tanta fuerza, que el lado derecho de mi rostro se hincho, y fue por eso que no fui con Leonardo, al matrimonio de Leonel.
Le había dicho que mi padre depositaba dinero en mi cuenta, la verdad es que no lo hacia hace meses. Desde mucho antes de que mi madre muriera, ya entonces el estaba muy idiotizado por aquella rubia repleta de silicona.
Pero decidí que no valía la pena seguir pensando en lo mismo. Cerré mi maleta, y Sali de mi casa, donde ya un taxi me esperaba para llevarme al aeropuerto. Solo mi tía lucero y mi mejor amiga Florencia sabían a donde iría, porque de mi padre no sabia hace algún tiempo, ya.
El trayecto fue corto, y legue preciso a tomar mi avión, con destino a Berlín, Alemania. La emoción me estaba embargando. No era la primera vez que salía de argentina, mas si era la primera vez que atravesaba el océano atlántico, ciertamente emocionante.
El vuelo fue largo, no estuve del todo pendiente del tiempo, pero de que me toco dormir en el avión, me toco. Y luego al llegar ahí, resulto que eran las tres de la madrugada, cuando en mi reloj decían las
Sostuve mis dos maletas, y a pesar de ser muy entrada la noche, el lugar estaba abarrotado de gente. Nerviosa, y bastante confundida, empecé a buscar a Leonardo con la mirada.
¿No se abría olvidado de venir a recogerme? ¿Verdad que no?
Y ahí estaba yo, una chica de apenas dieciocho años, en medio del aeropuerto de Berlín, completamente sola, a las tres de la madrugada. Precisamente no era un cuento precioso.
-¡Angie! –me gritaron, y entonces sentí unos fuertes brazos, presionando por la espalda, y alzándome en vilo. Mi corazón se acelero, detuvo y volvió a latir, lo que siempre pasaba cada vez que el me tomaba de esa forma entre sus brazos.
-¿Cómo estuvo el vuelo? –me pregunto, mientras me volví a dejar en el piso.
-tranquilo… -le respondí –aunque me has dado un susto, creí que me dejarías… que te habías olvidado de venir a por mi.
-no… como crees… -dijo el, pero note cierta nota de culpa en su voz –aunque deberías agradecer a Isobell cuando la veas…
-¿Por qué? –le pregunte, con una ceja alzada.
-porque puede ser… que me haya quedado dormido… y que estuviera llegando un poquitín tarde –soltó el, hiso una pequeña mueca, que luego convirtió en una sonrisa.
-por suerte… no vives solo –le solté –la próxima vez me asegurare de poner una alarma en tu celular –solté en voz alta, y el me sonrió ampliamente.
-me alegra el saber que planeas ser mi amiga… por mucho tiempo… y sobre todo estoy feliz de que me trates como un amigo y nada mas… -mi corazón se acelero.
Claro, un amigo. El solo quería que fuera su amiga, jamás me vería como algo mas. ¡Maldita sea! La idea me había dolido, eso quería decir, que en el fondo ya estaba albergando la esperanza de que el se fijara en mi. De que quizás el pudiera enamorarse de mi.
-porque… muchos podría afectarles el saber que soy famoso, o quien es mi familia… pero tú me tratas igual que cuando no sabía quien era, y te agradezco eso… -le sonreí.
Había malinterpretado sus palabras, aun así. La revelación de mis propios sentimientos y esperanzas, me había dejado un poco en shock.
-bien ahora salgamos… nos están esperando… como te dije, te quedaras en mi casa –sonrió – te enseñare el gran jardín, el cuarto d juegos… -lucia verdaderamente emocionado, como un niño de diez años, al cual le han dejado a su mejor amiguito quedándose en su casa.
No pude evitar creer que el verdaderamente era así. Un hombre, extremadamente, ridículamente apuesto, y por dentro un niño de diez años.
Afuera nos esperaba una limosina. No un auto como el había dicho. El transcurso a su casa fue largo, al llegar ya pasaban de las seis de la mañana. Mas de tres horas de viaje en auto. Y al llegar a nuestro destino, nos esperaba una mansión, no una casa. No pude evitarlo mi boca se abrió.
Eran kilómetros de territorio, solo un camino de un metro de ancho, y no se cuanto de largo, completamente empedrado, era lo que nos guiaba en medio del bellísimo jardín, protegido por una puerta metálica de unos cinco metros de altura. Rosas, claveles, margaritas, lirios, violetas, azucenas. Una mezcla de colores, varias fuentes de piedra, y una enredadera con algunas bancas a su alrededor.
-se que es inmenso… y excesivo, pero a mi madre le gustan las flores… sobre todo las rojas –dijo mientras me señalaba la espectacular selección de rosas y claveles.
-ya… me había dado cuenta –le respondí sonriente –es precioso.
Luego dirigí mi vista, hacia la cumbre de aquel sitio. En el cual se encontraba una mansión, que ocupaba toda la punta de la colina, al final del hermoso manto de color y perfume. Una increíble construcción pintada en colores crema.
El auto se estaciono justo en frente, y un conjunto de palomas salieron volando, haciendo que me sintiera como en aquellas películas viejas, por alguna extraña razón.
-ven… -dijo, y acto seguido me tomo de la mano, subimos un conjunto de escaleras y luego abrió una gran puerta de madera, ante mis ojos se abrió un salón. El piso de mármol, las paredes pintadas de un color palo rosa, combinado con un conjunto de cuadros en marco de oro y demás adornos.
En el centro de ese gran salón empezaba una escalera de mármol, que si no me equivocaba tendría unos treinta y cinco escalones en promedio. A su lado derecho un conjunto de puertas, lo mismo que al izquierdo.
-te voy a dar un tour por toda la casa –en mi mente hice una mueca, no me parecía correcto que le dijera a ese lugar, casa.
Al lado derecho del salón, me señalo el comedor. En el centro del mismo una gran pintura, y un juego de comedor de mas de doce sillas de roble.
Luego me llevo a la cocina, me sentí emocionada. A mi me encantaba cocinar y ese lugar era “mi cocina de ensueño”, esperaba poder preparar algo.
Luego me guio al despacho de Bill.
-¿Dónde se encuentra el? –le pregunte.
-a salido de viaje junto con mi madre, y mi tío Thomas –me conto –volverán dentro de tres semanas –fruncí el ceño, para ese momento yo ya me abría ido.
-y ¿Dónde están los demás? ¿Tus primos? ¿Tus hermanos? –le pregunte, al encontrarme tan sola en aquel lugar.
-vendrán en un rato… salieron a la ciudad… los veras a todos, menos a Leonel… esta disfrutando de su luna de miel –dijo mientras me guiñaba el ojo. –ahora te voy a enseñar el jardín… nuestro jardinero es el mejor…
Me guio hacia la parte de atrás, un junto de bancas pintadas de blanco, rodeadas en una parte por rosas blancas, y el otro para mi sorpresa de rosas negras.
Sorprendida me acerque a examinarlas.
-son poco comunes, pero mi madre logro conseguirlas… son las favoritas de Rosette –me conto – cuando las gemelas eran pequeñas, jugaban aquí… mi madre dice que ella hiso esta parte solo para ellas…
El sonido de un timbre se abrió paso por la mansión en forma de eco.
-¿Quién será? –se pregunto, luego me vio y me sonrió –voy a ver… y traeré algo de tomar… espérame aquí –me pidió, y después volvió a entrar.
Alce la vista al cielo azul, y una fresca brisa me rodeo, camine en medio de las rosas negras, eran increíbles, y hermosas. Seguí avanzando por un pequeño camino de tierra, distraída observando los diferentes colores, las fuentes.
De pronto no supe exactamente bien, en que lugar me encontraba. Empecé a rodear la mansión, en busca de alguna otra puerta, pero en lugar de eso halle una casilla de madera. Algo parecido a un almacén.
Entre en el. Estaba lleno de repisas de madera, en las cuales había gran cantidad de botellas, de vino. Si eso parecía. Me acerque a ellas, estaban perfectamente encorchadas, era mi bebida favorita. Y el caminar tanto me había dado bastante sed.
Entonces para mi suerte en una mesa, había una botella que ya había sido abierta, no creí que molestaría si tomo solo un poco.
Deseosa me lleve solo una pequeña cantidad vino a mi boca, trague de golpe y con tanto gusto que no me percate del verdadero sabor hasta haber tragado buena porción del liquido.
Separe la copa de mis labios de golpes, y escupí lo que quedaba en mi boca. Eso no era vino, eso tenía un fortísimo sabor a sal, y oxido.
-¿Qué haces? –me pregunto león, que en ese momento me veía con sorpresa, y con los ojos bastante abiertos.
Voltee mi vista al suelo, donde liquido se había derramado formando una intensa mancha de color rojo carmín, un color tan fuerte que bien podría parecer negro.
Entonces lo comprendí, eso era sangre.
aki sta...disfrutenlo, amenlo... y komenteloon!!
hehehe se la skiere muxooo... bye bye!!